Comunicación ante la influenza

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Un blog de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información

Preguntas culturales respondidas por la epidemia

Néstor García Canclini

Texto colocado el 5 de mayo de 2009

Un laboratorio de experimentación social y comunicacional: en esto se ha convertido México en las semanas en que la alarma gripal llevó a cerrar todas las escuelas y universidades, los cines, teatros y restaurantes, nos dejó sin museos ni espectáculos. La abstinencia cultural se extendió a todo del país, pero hai sido más larga donde comenzó, en la Ciudad de México. Sus efectos invitan a debatir algunos supuestos sobre las interacciones urbanas, la relación entre medios y escuela, las oportunidades y defecciones de los organismos públicos, la sociedad y las empresas de comunicación.

1. ¿Ocaso de las salas de cine? Coincidentemente con la expansión de la televisión en los hogares, durante los años sesenta y setenta se interpretó el cierre de salas como el fin de una época. La aparición de videocaseteras y videoclubes a partir de 1985 contribuyó al diagnostico fúnebre sobre las salas y su creciente desaparición parecía confirmarlo, aunque estudios más sutiles consideraban ya otras variables: la inseguridad en las grandes ciudades y una reorganización de los hábitos de consumo. Al irrumpir miles de multicines en el país a partir de 1995, comprobamos que el público regresaba parcialmente a salas más pequeñas y confortables, con mayor calidad de la proyección y del sonido que en la televisión casera. Las cifras de espectadores crecieron, pero el promedio de 160 millones de asistentes a salas que tenemos a partir de 2004 está lejos de los 450 millones que México registraba en 1960. Con la epidemia, el cierre de salas nos obligó a conformarnos con las películas que se podían rentar en los videocentros, comprar en puestos “piratas” y, para una minoría, descargar de la red. Se hizo evidente que en la “salida al cine” –como en el “comer afuera”- hay componentes de sociabilidad, experiencia urbana y gusto por la gran pantalla que aún sostienen su atractivo.

2. ¿La televisión está sustituyendo a la escuela? Innumerables trabajos de investigación contabilizan las horas que los niños y jóvenes pasan ante la televisión y las comparan con las que van a la escuela, encuestan a estudiantes para demostrar que saben más de Madonna, de Beckham o de los participantes en Gran Hermano que de Juárez y Madero o en qué siglos existieron la Revolución Francesa o el Imperio Romano.

El problema no reside tanto en estos resultados, a menudo obtenidos con metodología científica, sino en las conclusiones que se extraen acerca del funcionamiento actual del saber y la cultura: “los niños ya no leen”, “la escuela no puede competir con la televisión, que ha pasado a ser la formadora de las nuevas generaciones”, “la discontinuidad del zapping televisivo y el ritmo vertiginoso de los videoclips disminuye la concentración de los alumnos”.

En estas vacaciones obligadas de la epidemia, casi inmediatas a los 15 días de interrupción habitual de clases en Semana Santa, no sólo se desesperaron los padres porque no podían faltar al trabajo y no querían dejar a sus hijos solos. Al preguntarse qué inventar para sacarlos del aburrimiento que les inflingían cinco o siete horas de televisión diaria, interrumpida en muchos hogares por la consulta de noticias en la computadora, videos en YouTube y chateos, al fin también tediosos, aparecieron como indispensables los paseos, el encuentro físico –no sólo digital- con amigos, tareas compartidas en la casa y el valor de la escuela, de su tiempo productivo y su sociabilidad complementaria.

La epidemia y su reclusión doméstica hicieron pensar que quizá el problema es menos la competencia entre medios y escuela que las dificultades de la escuela como institución (y de un alto porcentaje de maestros y funcionarios) para aprender de los medios y saber usarlos. La educación saltó de la cultura letrada, como la única Cultura, al arribo súbito de computadoras, despreciando durante décadas como amenaza al cine y la televisión. Si se hubieran incorporado a la currícula esos medios, hoy sería más fácil comprender cómo integran los jóvenes lo escrito, lo audiovisual y lo digital.

Entre los planes de emergencia para epidemias (o sismos, o cualquier interrupción escolar) tendría que haber programas para que cada maestro pudiera comunicarse digitalmente con sus 20 o 40 alumnos, explicarles los acontecimientos perturbadores en relación con lo que vienen estudiando en biología, ciencias sociales, historia y globalización, y proponerles tareas de investigación en la red. ¿Cuántos maestros de primaria y secundaria tienen los correos electrónicos de sus estudiantes? Se dirá que la mayoría de los hogares de México carecen de computadora e Internet en sus casas. Quizá esto sea cierto respecto de los alumnos de escuelas públicas, pero no en las privadas. Además, la Encuesta Nacional de Juventud de 2005 muestra que, si bien sólo 32% de los varones y 34, 7% de las mujeres de México, entre 12 y 29 años, poseían computadora, decían manejarla 74%. Los cibercafés, las escuelas y la relación con amigos hacen que el acceso sea menos desigual que el equipamiento tecnológico de los hogares.

¿No podríamos disfrutar una relación fluida entre maestros y estudiantes a través de la red, y no sólo en periodos de emergencia, si existieran más ciberbibliotecas y cibercafés gratuitos en todos los barrios, en todo el país, de manera que –además de la indispensable enseñanza presencial- los maestros tuvieran con sus alumnos vínculos digitales semejantes a los que los alumnos tienen entre ellos? Por supuesto, no vamos a resolver la falta de computadora en la casa, durante una epidemia, amontonando alumnos en ciberbibliotecas; también serían necesarios planes para proveer a cada hogar, con bajos precios, como ya es técnica y económicamente viable, computadoras e Internet como artículos de primera necesidad.

3. ¿Para qué sirven la radio, la televisión e Internet? Fue innegable el valor de estos tres medios para transmitir rápido y masivamente información, enseñar prevenciones y aprender a comportarnos ante una enfermedad que desconocíamos. Internet sirvió para comunicar a quienes no podían verse, o con amigos alarmados de otras ciudades y países. También permitió –al estar menos controlado que la radio y la televisión- que circulara información alternativa, donde se combinan, como siempre, datos valiosos, interpretaciones no convencionales, y delirios conspirativos, ideológicos o esotéricos que niegan la epidemia y atribuyen su impacto a manipulación gubernamental o de empresas y laboratorios.

La monotonía de la información oficial y la oficiosa de los medios, la repentina desaparición de otros temas de la agenda nacional e internacional (el narcotráfico produjo, en las mismas semanas, más muertes que la epidemia) exigen repensar el papel de los medios audiovisuales y electrónicos. También las dificultades para manejar de modo razonado y matizado las nuevas discriminaciones que ocurrieron con los mexicanos en el extranjero y entre mexicanos en México: hay muchas posibilidades de pensar y actuar entre el nacionalismo y la xenofobia. Así como la escuela se quedó paralizada ante la epidemia, los medios exhibieron su escasa imaginación habitual, usos escandalosos del dolor o de emociones que requieren una discreción e inteligencia que, comprobamos, una vez más, “la autorregulación del mercado” no garantiza.

La televisión se volvió más monotemática, (salvo los “canales culturales”, 11, 22 y la televisión universitaria), justo en las semanas en que públicos con hábitos diversos –algunos más letrados, otros más audiovisuales, con distintos gustos melodramáticos o épicos- contaban preferentemente con ella no sólo para informarse sobre el Gran Tema sino porque deseaban una oferta más variada para entretenerse. Encontramos en las pantallas muchas caras que no suelen verse: médicos para responder preguntas y economistas para ir preparándonos sobre el derrumbe del PIB, del turismo y la pérdida de millones de empleos. ¿No podría haber también, como sugirió Raúl Trejo, periodismo de investigación a cargo de antropólogos y sociólogos que han aprendido el lenguaje de los medios y no tienen que improvisar, como muchos periodistas, en los temas de actualidad? ¿O un “noticiero para niños”, según la propuesta de Rossana Reguillo en su blog, que no subestime su inteligencia? ¿O acuerdos con las distribuidoras y exhibidoras de cine para proyectar en la pantalla chica “películas programadas para esta semana en las salas”, con participación de críticos, directores, actores y actrices de primer nivel, seguramente dispuestos a colaborar para que se renueve la programación televisiva?

Nunca fue cierto que los consumidores fueran pasivos o prisioneros de pulsiones irracionales. Menos pertinente es esta visión prejuiciosa cuando los intercambios multidireccionales en red están desplazando los estudios desde el consumo hacia el acceso y multiplicando vías alternativas de comunicación. ¿Cómo seguir aceptando el dúopolio de los medios –dos empresas que actúan en espejo-, donde sólo admiten simulaciones dirigidas de participación, y casi ningún debate de fondo sobre la sociedad en que queremos vivir?

La abstinencia de consumo cultural en lugares públicos está demostrando que los cines aún son deseados por muchos espectadores, que la televisión como sustituto de la escuela es insuficiente y después de unas horas aburre, que Internet amplía el saber y el entretenimiento pero no nos alcanza para la sociabilidad. La cultura a domicilio es un avance histórico, pero seguimos necesitando la ciudad, no sólo como espectáculo para el consumo, como lugar de trabajo y viajes fatigantes; también porque, como decía el poeta Luis García Montero, cada persona encuentra ahí “un paisaje urbanizado de sus sentimientos”.

Profesor-investigador en la UAM Iztapalapa, Néstor García Canclini es coordinador del Consejo Consultivo de la AMEDI.

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Moda… por una semana

Verónica León Hernández

El miércoles 28  de abril todo México se vio inmerso en un ambiente  de duda, miedo y desconfianza. Se transmitieron diversos comunicados con respecto a una nueva mutación del virus de influenza. Se desató una serie de cometarios acerca de la llamada “influenza porcina” que después se cambió por “humana”   debido más que nada a la baja demanda de los productos derivados del puerco.

Por el temor a adquirir la enfermedad y dada  la necesidad de evitar contagios, se suspendieron clases, cancelaron eventos culturales y deportivos y por supuesto se transmitieron una y otra vez las medidas necesarias para evitar el contagio, ya que no se sabía que variaciones tendría el virus, aunado al reporte de muertes a causa de la enfermedad  por no haberla atendido a tiempo. Las medidas que debían tomarse eran: lavarse las manos continuamente, no saludar de mano o de beso, (cabe mencionar que cambió la manera de saludar que habitualmente tenemos los mexicanos, era raro, ya que nuestra costumbre siempre ha sido tener contacto con nuestros familiares, amigos, conocidos o compañeros de trabajo),  y el uso del cubre bocas.

El cubre bocas evitaba, mencionaban las autoridades que representan las instituciones de salud,  que de alguna manera llegaran virus directamente. Pero el énfasis era la recomendación de que en caso de que alguna persona estuviera enferma, fuera a algún centro de salud, con el fin de saber si tenía o no la enfermedad, y atenderla a tiempo.

Regresando al tema, el  uso de esta medida de cuidado, tanto personal como comunitario, se volvió obligatorio. En los transportes públicos mínimo el 90% de los pasajeros contaban con el suyo. Pasaron menos de 24 horas y se agotaron en toda la ciudad (y tal vez el país). La diversidad de modelos salió a las calles, ya sea con sonrisas pintadas o de diversos colores, incluso multicolores paliacates cubrían el rostro mexicano con la esperanza de no contraer la ahora famosa enfermedad.

A una semana y media, de todos los ciudadanos que cumplieron con cuidarse a ellos mismos y a su entorno, un gran número de habitantes dejaron de cubrir su rostro, se dejó de lado el cubre bocas, aproximadamente 5 ó 10 por ciento de ellos seguían saliendo a las calles con él. En las calles se seguían regalando, algunas estaciones del metro citadino los proporcinaban, además de repartir gel antibacterial o sanitizante, insistían en el uso del mismo. Pero aun así la ciudad regresaba a su normalidad, o por lo menos las calles se veían “descubiertas”.

Por fin se pasó al verde en cuanto a la alerta epidemiológica, pero la moda de cubrir el rostro, por sanidad ya había quedado atrás hacía varios días.

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Comunicación y televisión en tiempos de influenza

René Ramos Palacios

profesor en la FCPyS de la UNAM

Desde que la TV nace en 1950 se pensó que sus “funciones” serían las de educar, informar y entretener, así,  en ese orden, aunque sin jerarquía o reglas de porcentaje para cada de ellas.

Muy pronto en los 60  y fundamentalmente en los 70  se vio que sería precisamente al revés y ahora si con marcas de jerarquía perfectamente definidas: entretener, informar y educar. Hasta 1985, antes de la modificación de las tv’s públicas en el mundo (fundamentalmente europa), las segunda hipotética función de la tv se mantenía incólume y ocupaba una buena parte de la programación televisiva. Pero justamente a mediados de los 80 (con la incorporación de las compañías privadas en los sistemas de televisión estatales) es cuando se da el banderazo oficial de salida al “ficcionamiento de las noticias” y con ello su incorporación definitiva al entretenimiento. La noticia como el producto mejor acabado del espectáculo.

Y para muestra veamos: cambio en el tono y ritmo de los reporteros al dar la información (hoy son narradores); imágenes fuera de tiempo real (ralentizadas o aceleradas); filtros de color; transiciones con efectos digitalizados; elipsis y estructuras narrativas con vueltas en el tiempo como el flasback o el forward; encuadres que muestran composiciones tan cargadas de contenido capaces de editorializar en una mirada;  angulaciones  con ubicuidad trascendente, es decir, por arriba, o por debajo de lo que nuestros ojos encuentran en el horizonte objetivo al presenciar un hecho y; por supuesto la fragmentación que supone el observar la realidad a través de una lente. Todas estas, marcas de la ficción que hoy consumimos cotidianamente en las piezas informativas de los noticiarios de tv, la cadena de que se trate, nos dan una Información verosímil pero no verdadera.

Si a ello agregamos la falta de claridad en los datos sobre el fenómeno mismo, provocado por las autoridades y sus “voceros”, pues además de no verdadera, resulta también inverosímil.

El resultado es entonces un desastre en la comunicación social.

La política mira por el bien común. Los políticos son los ejecutivos (porque deben ejecutar), las estrategias para lograr ese bien común. ¿Pero qué es lo que hemos vistos en tiempos de emergencia sanitaria?

Temor de las autoridades por dejar al descubierto que no se cuenta con la infraestructura necesaria para realizar pruebas y confirmaciones de ciertos casos; la consecuente dependencia de otros países para tener la certeza de nuestros males; negligencia en la aplicación de recursos para el desarrollo e investigación y más aun en la prevención; retraso y manipulación burocrática para declarar una emergencia; develar la evidencia de que no contamos con medicamentos y centros de salud para atender una epidemia, etc., etc.

Es decir, fallas en el diseño de políticas en salud pública y fallas de los políticos para ejecutar las políticas locales que pudieran enunciarse en las leyes y reglamentos al respecto, así como  aquellas de carácter internacional que dicta la OMS.

Sin políticas, sin políticos y sin administradores públicos en general, la autoridad se  muestra con miedo de fracasar, de ser exhibida y con miedo de no haber tomado decisiones en su momento para esta u otra emergencia que se presente. Con miedo de  dejar clarísimo que en verdad el gobierno le ha hecho brecha a un Estado fallido.  Una autoridad con miedo falsea la realidad, el medio de comunicación la ficciona y  la audiencia simplemente la consume.

Este es el panorama de un proceso de comunicación (social) lastimado y lastimoso, muy alejado de ser in-formativo y que ayude a la prevención.

¿Pero, aquí se acaba el “proceso de comunicación” o habrá retorno (feeback) de parte de quién reconstruye estos mensajes?

Existe retroalimentación en la tv? Si, si la hay pero la audiencia la “reconstruye” incierta, en un marco de desconfianza y descrédito hacia quien la “construye”, es decir la autoridad.

Sin posibilidades de hacer realmente efectiva la retroalimentación en tv, pues para las cadenas el tiempo es oro y no hay espacios para la opinión de las audiencias, la verdadera retroalimentación se da en la calle, el trabajo, reuniones de amigos, familiares y en el ágora moderno, nuestro “nuevo” medio masivo: la gran red.

En la parte más álgida de la emergencia, sin muchas posibilidades de socializar en la calle, el trabajo o en las reuniones, la interacción tuvo lugar en la red: la instantaneidad del Messenger (con o sin webcam), la dinámica de los e-mails (con o sin presentaciones de powerpoint), la explosión de redes virtuales tipo hi-5 (con o sin fotos), facebook (con o sin chistes), la publicación de cientos de blogs (con o sin sustento), etc., ese fue el espacio de la retroalimentación para sendas conferencias de prensa y espacios noticiosos en todos los canales de tv que animó la autoridad sanitaria.

Ahí es donde se da la segunda parte del proceso o donde se da el giro de tuerca para este fenómeno comunicacional. En la red se intercambian opiniones, se hacen referencias específicas a mensajes específicos vistos en tv, comentarios de supuestos especialistas, algunos ciertamente iniciados y hasta allegados al gobierno que “conocen la verdad del suceso”. Pero también se da el intercambio entre iguales, trabajadores, amas de casa, estudiantes, el grueso de la audiencia de tv que halla en la red el espacio propicio para “escuchar y ser escuchado”, “leer y ser leído”.

Es cierto que ahí también se halló el centro de fantaseosas epidemias originadas por malévolas mentes de propietarios de laboratorios químicos, o estrategias electorales animadas por las truculentas mentes de políticos fracasados, ante las cuales la autoridad salió al paso para descalificar por ignorantes a quienes han creído en tales afirmaciones, pero es un hecho que la red se conviertió durante la emergencia y posterior a ella, en el espacio legítimo y democrático en el que hoy se dirimen los fenómenos comunicacionales. Para otros casos, por fortuna, además está la calle, el trabajo las reuniones familiares y de amigos.

La comunicación social desde el gobierno hoy desacredita a la red por no tener su control y porque tampoco sabe usarla en su beneficio y de sus gobernados. La comunicación social política (la que mira por el bien común),  sabe que tiene en ella una verdadera herramienta de retroalimentación que ningún otro medio ha tenido.

La realidad también se fragmenta en la red, también se ficciona, pero al menos existe la posibilidad de una retroalimentación mucho más dinámica y podemos encontrar tantas opiniones de personas, instituciones, organizaciones, asociaciones, empresas,  como links queden a la mano.

Archivado en: Gobierno y epidemia, Internet, Televisión

“Este virus es distinto a los demás”: Dr. Reyes Terán

“La discriminación es inacaptable en cualquier circunstancia”

El doctor Gustavo Reyes Terán, Jefe de Infectología del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, participó en un chat con lectores del diario madrileño El País.

El doctor Reyes Terán es miembro del consejo consultivo de la AMEDI.

La transcripción de la charla se encuentra aquí.

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La ventana ciega. La opinión de Claudia Segura

Comentarista enterada y autorizada de la radio mexicana, Claudia Segura escribe ahora su columna “La ventana ciega” en el sitio SDP Noticias (“El sendero del peje”). Esta es la columna de hoy, La nueva gripa, las nuevas reglas.

Hasta el día de hoy, Clauda Segura ha escrito media docena de artículos acerca del comportamiento de la radio en esta emergencia. Esas columnas se pueden encontrar aquí.

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De las vacas locas a las pandemias de la información

Gerson R. Hernández Mecalco


“Lo llamaremos gripe mexicana, no lo llamaremos gripe porcina”: Yakov Litzman, Viceministro de Sanidad de Israel, (Europa Press, Jerusalén, 27Ab09).

Parafraseando al estimado Ignacio Ramonet en esta coyuntura pandémica; esta pasando “con la información, lo que ha pasado con la alimentación”. En La Tiranía de la Comunicación (Madrid, Debate, 1998) el director de Le Monde Diplomatique (edición española) nos recuerda históricamente que durante mucho tiempo la alimentación fue muy escasa -y en muchos lugares del mundo desafortunadamente lo sigue siendo-; sin embargo:

Gracias a la revolución agrícola, la superproducción permitió, en los países europeos, producir abundancia de alimentación, nos dimos cuenta de que muchos de los alimentos que consumimos estaban contaminados, envenenados por pesticidas, mal elaborados, y así causan enfermedades, producen cáncer, producen toda clase de problemas de salud y pueden hasta causar la muerte, como la peste de las vacas locas. Antes podíamos morir de hambre, pero hoy podemos morir por comer alimentos contaminados.

Hoy en día con la información ocurren cosas parecidas. No al grado que cita el francés: “Empédocles decía que el mundo estaba hecho de la combinación de cuatro elementos: aire, agua, tierra y fuego. Pues hoy podemos decir que la información es tan abundante que constituye un quinto elemento”. Sin embargo considero que el hecho de que haya mucha información; no es sinónimo de que estemos informados.

Antes nos quejábamos de que no había suficiente información, sin embargo hoy en día no podemos tener la certidumbre de que la encontrada en la “googlelización” son datos que se puedan corroborar. Hoy nos podemos morir de comer carne de vaca, como también indigestarnos de tanta información. Jap. ¿Qué pasa con la información en los tiempos de influenza?, ¿Acaso los emisores de la información en esta coyuntura sin ser portadores del  virus A H1 N1, manifiestan fiebres de más de 39 grados de sensacionalismo en los telenoticiarios?, y peor aún ¿Los efectos de los mensajes influenciados están provocando dolores de cabeza que se traducen en desinformación? Pues veamos algunas de estas aristas:

El País

Desde mi punto de vista el periódico español El País, esta contribuyendo a no comer carne de vaca en tiempos de la influenza informativa. Hasta el momento he captado dos documentos que corroboran el interés de informar. Sin embargo no todo es pan de canela sobre hojuelas; ya que también han caído en el racismo informativo.

Jueves 30 de Abril

El periodista Pablo Ordaz entrevista a Miguel Ángel Lezana, director general del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades de la Secretaría de Salud en México. El encuentro corrobora dos cosas: Los cubre bocas sirven para camuflajear barros y segunda, también para cubrir otras imperfecciones, ya ”que las mascarillas permiten fácilmente el paso de las partículas, además es muy poco viable que el virus pueda transmitirse por el aire sin estar en contacto con ninguna superficie”.

– Insiste el camarada reportero: ¿Por qué han repartido millones de mascarillas?

R. “Bueno, es más una demanda de la población. La gente se siente más segura llevándolas, más tranquila, y no les hace ningún daño”. Jap. Populismo médico y mediático. ¡Que barbaridad, pobre muchacho!

Lunes, 04 de Mayo

En esta ocasión el periodista Emilio de Benito entrevistó, en Ginebra, a la dama de hierro de la salud en tiempos de influenza: Margaret Chan -nombre analógico a la otrora dama de hierro, Margaret Tacher- Directora general, desde hace tres años, de la Organización Mundial de la Salud (OMS),con una experiencia de más de tres décadas en temas de la misma índole.

Para un desorientador de las nuevas generaciones es importante analizar algunas de las respuestas de la responsable de dirigir la estrategia en contra del virus A H1 N1.

El reportero pregunta: “Suiza ha confirmado ya un caso de gripe A H1 N1 en humanos. Algunas personas en el aeropuerto usaban mascarillas esta mañana, pero no he visto a ninguna que las lleve en la sede de la OMS. ¿Ha dado alguna orden al respecto?”

R. “No, en absoluto. Las mascarillas son útiles en unos casos, e innecesarias en otros. Por ejemplo, si a alguien le moquea la nariz o tiene tos, es bueno, y hasta ético, que lleve. Cuando se visitan hospitales, o alguien de tu familia está enfermo, usar mascarilla puede ser muy adecuado. Pero en otras circunstancias, no hacen falta. No quiero enviar un mensaje de que usar mascarillas es inadecuado. Los individuos deben ser capaces de tomar la mejor decisión”.

Espero que el caballero Miguel Ángel Lezana haya leído la respuesta de la funcionaria, y recuerde su declaración de que los cubre bocas son ”una demanda de la población”. Jap.

Continúa el encuentro de inteligencias. Emilio de Benito cuestiona: “Hay críticos que dicen que la OMS, los Gobiernos e incluso los medios de comunicación han sobreactuado en esta crisis. Que se está exagerando lo que, de momento, no es más que una gripe. Nueva, pero perteneciente a una familia de virus con la que los humanos han convivido durante casi 3.000 años”.

R. Eso es comprensible. Siempre que hay un brote de una nueva enfermedad hay dos grupos de comentarios. Unos dicen que se está haciendo muy poco y muy tarde. Y otras personas dicen que se está exagerando. ¿Y usted, qué opina?, insiste el comunicador.

R. Hemos aprendido del Síndrome Agudo Respiratorio Grave (SARS), también llamado al principio neumonía asiática en 2003 y del H5N1 [que causa la gripe aviar] en los últimos años, que ambos son amenazas para la gente… cada nueva enfermedad debe ser tratada con energía y que nunca debemos darle cancha. Porque es verdad que en este momento, este virus está siendo leve en la mayoría de los países, pero todavía no hemos visto todo el espectro de la enfermedad. Cuando sólo tenemos unos pocos casos, no podemos decir qué dirección va a tomar… Si tomamos la pandemia de 1918, empezó también como una enfermedad muy leve, y tuvo un periodo de calma en el que parecía que se había retirado. Pero volvió y causó millones de muertos y enfermos. Y esto es algo que quiero destacar: los virus de la gripe son muy impredecibles, muy tramposos. No debemos confiarnos.

La fase seis

Ante la pregunta de que qué quiere decir estar en el llamado “nivel 6”, la funcionaria argumenta: “Mucha gente tiene muchas ideas equivocadas… Muchos creen que entonces habrá muchísimos enfermos y que todos morirán, y que todos los países estarán afectados. Y eso no es así, porque la característica de esta enfermedad es que va por oleadas. La fase 6 no quiere decir que todos los países se afectarán a la vez, ni que todas las personas enfermarán y morirán. Ni siquiera en los países que tengan brotes todas las personas se infectarán. Así que no debemos transmitir mensajes erróneos que causen miedo, preocupación o ansiedad. No debemos interferir de manera innecesaria en la vida de la gente”.

En otras palabras no se debe desinformar acerca de la casi llegada de los cuatro jinetes de la apocalipsis o de parafrasear la crónica del florentino Durante Dante Alighieri en el reino de Hades. “El estado pandémico es una advertencia, una señal a todas las autoridades sanitarias del mundo para que inicien actuaciones, aumenten la vigilancia y tomen medidas para proteger a su población. El nivel 6 no quiere decir, en absoluto, que nos acercamos al fin del mundo. Es importante aclarar esto, porque si no, cuando anunciemos el nivel 6, causaremos un pánico innecesario”.

Alerta sanitaria. Preguntas de los lectores

En la sección de la voz del lector del rotativo europeo se pregunta: ¿Es ilógico tanto control?, refiriéndose a la influenza, advirtiendo: “Las dudas ya escapan de lo estrictamente sanitario. Los lectores de ELPAÍS.com buscan otros enfoques. Señal de que no lo tienen todo claro”. Lo que queda claro es el racismo: Veamos:

Antonio. Esto me parece de risa, por una gripe común estacional, se paraliza un país, se arruina su economía, se somete a sus ciudadanos a controles ilógicos, se ponen en marcha protocolos absurdos, se llenan páginas en los periódicos.

La respuesta es: – Sólo un matiz: no se trata de “una gripe común estacional”. La gripe estacional de este año estaba formada por un virus H1N1 Brisbane (lógicamente, el nombre da una pista de dónde se aisló por primera vez), un H3N2 Brisbane y un virus tipo B Florida, según los Centros de Control de Enfermedades de Atlanta. Este virus H1N1 es diferente (no sé si lo acabarán llamando Mexicano o algo así) y nunca visto hasta ahora. Lo malo que puede tener, sobre todo ahora que llega el invierno al hemisferio Sur, es que se va a añadir a los virus que ya se preveían…

Espero que no se le dé la patente a nuestro país, y sugiero también que los excelentes documentos que han registrado sus páginas; no se infecten del virus de las vacas locas; y que si ya lo está, recuerden que hasta donde sé no hay vacuna alguna contra el racismo.

Zarpado hacía la razón

Es “harto” singular que algunos anuncios de la Secretaría de Salud que salieron este fin de semana seguían llamando “porcino” al virus citado. A pesar de que el propio titular de Salud, José Ángel Córdova, pidió no llamarlo así. (Bajo Reserva, El Universal, 04My09).

También es “harto” singular que: “El presupuesto federal orientado a la vigilancia epidemiológica en México ha experimentado una merma significativa de casi 15 por ciento, al menos en los últimos 2 (sic) años… Un análisis de los presupuestos 2008 y 2009 de la Secretaría de Salud mostró una reducción de 180 millones de pesos a los gastos del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades. Por si fuera poco, este año la dependencia gastará 400 millones de pesos en llaveros y tazas con el logotipo del Seguro Popular, poco más de la mitad de lo que recibirá el Instituto de Enfermedades Respiratorias Ismael Cosío Villegas y que será de 659 millones de pesos” (El Financiero, 04My09).

Gestemos la vacuna contra los 39 grados de sensacionalismo, la fiebre de la desinformación, y los síntomas racistas. La fórmula es informarnos a través de las redes sociales. El Estado somos nosotros. Solamente así vacunaremos a las pandemias de la información.

Académico de la FCPyS-UNAM

Escuela Política de Robinsones

http://robinsonespoliticaycomunicacion.blogspot.com
chajaro_infante@hotmail.com
gmecalco@gmail.com

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El virus de la malicia

Válek Rendón

No dudo de la existencia de virus mutantes. Pero tampoco creo en las coincidencias, nunca lo he hecho. Hay un afán en los Estados Unidos –país con los medios de comunicación más influyentes del mundo– por crear aversión a lo mexicano. Primero nos culpan por su severo problema de adicción a las drogas; luego cierran la frontera a los camiones mexicanos; después llaman a no visitar México por la violencia; luego ensalzan a un narco mexicano, no una, dos veces en las revistas más leídas por los empresarios gringos, Forbes y Time; desde hace años que fomentan el odio racial contra los mexicanos al señalarnos como una amenaza para su seguridad nacional; y ahora algunos vivales descabezados aprovechan el tema de la influenza humana para pedir el cierre total de las fronteras con México –por ejemplo, Jay Severin, locutor de radio en Boston, quien fue suspendido luego de acusar a los mexicanos inmigrantes en Estados Unidos como portadores de influenza humana–.

Para empezar este virus no se originó en nuestro país. Desde septiembre del 2008 la CDC –autoridad para el control y prevención de enfermedades en Estados Unidos- reportó que en diciembre del 2005 se dio un caso de lo que entonces llamaron “influenza porcina”. Y no fue en ningún estado mexicano, fue en Wisconsin, EU. Aquí el link. Partiendo desde ese punto ¿Por qué asegurar que fue en México donde se originó la epidemia? El problema pudo haber comenzado a expandirse desde entonces, la misma CDC lo admitió ya. Entonces ¿Por qué señalan sólo a México en los medios?

Ya con cifras más claras podemos situarnos en la realidad. En México, cada año mueren 14 mil personas a causa de infecciones respiratorias agudas, en el 2008 murieron 30 personas por influenza –la normal–, y hasta ahora se han confirmado 16 muertos por influenza humana en el último mes, según reportes de la Secretaría de Salud. La actual emergencia es de cuidado, pero las técnicas gubernamentales al estilo de la revista Alarma en nada ayudan. Las acciones a tomarse, siendo éste un virus reciente, deben guiar al país a la independencia sanitaria, lo cual se alcanzará desarrollando nuestras propias vacunas.

Bajo ninguna circunstancia debe asumirse que el sistema de salud en México es eficiente, falta muchísimo por hacer en ese sentido, pero es importante también analizar otros aspectos de la situación que vive hoy el país, como es la campaña mediática en contra de México. Todo acto de comunicación es un acto de persuasión. ¿A quién y en qué forma puede beneficiar que se genere aversión a lo mexicano? Respondamos esto y encontraremos algunas señales.

Para contextualizar, los Estados Unidos viven hoy su peor crisis económica desde hace siete décadas y el 85 por ciento de las exportaciones mexicanas van a parar a ese país. México le vende a los gringos productos con valor de 580 millones de dólares cada día –alrededor de 8 mil millones de pesos diarios, al tipo de cambio actual–. Por tanto, una de las principales favorecidas con el paro de las fábricas mexicanas sería la economía interna estadounidense porque, en medio de su profunda recesión, si disminuyen las importaciones mexicanas se les presenta una oportunidad para reactivar varios de sus sectores productivos. El vacío que dejan los productos mexicanos demandados por la sociedad estadounidense puede incentivar la apertura de negocios y generar empleos al norte del río Bravo. Un sillón cómodo para disminuir su crisis. Detener una semana el intercambio comercial de México hacia Estados Unidos se traduce en 4 mil millones de dólares que en lugar de ir a parar a cuentas bancarias mexicanas se quedan en Estados Unidos.

Recordemos que quienes se dedican a la macroeconomía no leen personas, leen números. Cruel. Pero así es. Pregúntenle a Agustín Carstens y a Guillermo Ortiz.

En turismo. México estima que el 80 por ciento de los 22 millones de paseantes internacionales que fueron al país el año pasado son gringos. Al gobierno estadounidense no le funcionaron sus llamados a “evitar” suelo mexicano por la violencia. “Entonces asegúrales que si van a México se van a morir”. Y ahora sí. No quieren ir ni con vuelo regalado. Y algunos turistas de ese país en lugar de gastar su dinero en Cancún, Puerto Vallarta o Los Cabos, lo harán en alguna playa de Florida o California.

Incluso, los Estados Unidos se ven beneficiados en cuestión de imagen, importantísima a la hora de hacer negocios. Ellos provocaron la actual crisis económica mundial y esto les sirve para desviar la atención. “Culpen al de al lado por algo más grave que puede acabar con la humanidad”.

No es que México sea el centro del mundo económico, pero de acuerdo con el estudio BRIMC, realizado por Goldman Sachs –una de las corredurías con más peso en el mundo–, la actual secuencia de factores socioeconómicos llevaría a Brasil, Rusia, India, México y China a convertirse en las economías más poderosas y dominantes del mundo para el año 2050, junto con Estados Unidos. La economía mexicana estará, según ese análisis, por encima de Alemania, Francia, Japón, Italia y mucho más cerca de la economía estadounidense de lo que está hoy. Lo cual a las actuales potencias no les conviene: más poder para otros países es igual a una menor capacidad de acción para ellos.

A China le achacan el virus del SARS. A los dragones asiáticos la influenza aviar. A México ahora la influenza humana o porcina o A/H1N1 o como le quieran decir -otro síntoma de desinformación, en un futuro la gente que no sepa pensará que en México hubo tres virus mortales-. A Brasil lo asocian con el VIH, algunos medios lo han llegado a comparar con África, la región más afectada por esta cepa. A Rusia y a la India todavía no los atacan por temas de salud, pero ya vendrá su correspondiente campaña mediática.

Resulta curioso que la mayoría de los casos de influenza humana reportados en otros países son de personas que visitaron Cancún, cuando en todo Quintana Roo sólo se ha confirmado un caso del virus nuevo. O las autoridades mexicanas esconden más víctimas, o los países “amigos” se están sacando de la manga a enfermos de gripa y los presentan como portadores de influenza humana.

Al desprestigio de México en el mundo hay que agregarle la incapacidad de los servicios de salud mexicanos, que están contribuyendo como si jugaran con el equipo de enfrente. Primero reportaron 162 muertes relacionadas con influenza humana, generando pánico por el rápido crecimiento de las cifras, y ahora resulta que, hasta hoy, son 16 los fallecidos a causa de ese virus.

Piensa mal y acertarás, dice la sabiduría contemporánea mexicana. En México muchos creen que en los países más industrializados es imposible que haya malicia. Ni entienden los albures, dicen algunos riéndose. Pero si se trata de no perder dinero, los grupos de poder son capaces de lo que sea. El orden socioeconómico mundial es un bien incalculable, y ni Europa ni los Estados Unidos están dispuestos a convertirse en un futuro en los de abajo. En eso están trabajando. Para eso echaron a andar el virus de la malicia, que es más nocivo que el de la influenza humana.

Publicado el 2 de mayo de 2009 en:
valekrendon.blogspot.com


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Mejía Barquera: todos en la casa

Fernando Mejía Barquera, conocido y leído analista de medios, escribe en su artículo de este sábado en Milenio:

“Probablemente nunca hubo en México, a través de los medios de comunicación, tanta información sobre un tema y al mismo tiempo tanta confusión y dudas con respecto a él. Es una paradoja que horas y más horas de información en radio y tv no logren disipar las dudas o disminuir los temores de una población que ve y escucha con azoro cómo funcionarios gubernamentales exponen y modifican cifras, bautizan y rebautizan a un virus que primero se llamó “de la influenza porcina”, luego “de la gripe humana” y ahora “A/H1/N1”.

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Alucines sobre la influenza

“La red, en situaciones de desastre, ya no es el terreno solidario y de información confiable que dibujó Howard Rheingold en su ya lejano libro Comunidades virtuales“. Eso concluye Antutlio Sánchez, uno de los pioneros latinoamericanos en el análisis social de Internet, en su artículo de este sábado en Milenio.

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Influenza Mediatizada: el reinado de lo evidente

Mariana Torres

Sara Sefchovich cuenta en su País de mentiras que la falta de preparación de los conductores de televisión termina por realizar un ejercicio profesional donde no se profundiza, sólo se describe lo evidente.

He escuchado en más de una ocasión que los medios se han portado “responsablemente” en la difusión de información de prevención y recuento del avance o retroceso de la llamada “influenza porcina”. Habrá que puntualizar: la televisión y la mayoría de la radio comercial han realizado una excelente labor de voceros. Salvo contados casos de noticiarios radiofónicos, lo ofrecido por los medios son incontables encadenamientos de mensajes de los secretarios, estatales o federales.

La mañana del lunes los noticiarios del duopolio televisivo apostaron por invitar a doctores que respondieran dudas de los televidentes; durante la conferencia de prensa ofrecida por Marcelo Ebrard en la mañana, Mónica Garza sólo repitió lo ya dicho.

Esa es la actuación de la televisión: “está el secretario de Educación, Alonso Lujambio, el Secretario de Salud José Ángel Córdova…”, lo cual sabe cualquiera que pueda leer, si un reportero preguntaba por las campañas políticas el conductor reponía: “entonces será decisión del IFE”, “entonces se suspenden clases hasta el 6 de mayo”, “entonces evitar aglomeraciones”. Lo mismo sucede con los expertos: “entonces, doctor, usar tapabocas”, “pues como dice el doctor, no automedicarse”.

Ninguna información que no esté en las conferencias de prensa, nada de profundidad, reporteros fuera preguntando a los peatones por qué no usan tapabocas, testimonios vacíos de familiares con preguntas del estilo de “¿cómo se siente de estar aquí en el hospital con su familiar con influenza?” “¿cómo siente la situación con respecto al hospital?” –si alguien entendió el sentido de la última pregunta, por favor que desnutra mi ignorancia y me lo explique—: el saldo de una situación de cuya gravedad no estamos completamente seguros.

¿Será que es buen momento para creer en las cifras oficiales? ¿Será que la radio comercial y la televisión “dicen la verdad” porque dan voz al gobierno federal y estatal? En todo caso, es la única versión, la posibilidad de saber si el gobierno mexicano ya estaba enterado, si su actuación fue tardía, si los casos son más de los reportados, si es necesario parar actividades en el DF y no se hace porque implicaría detener al país… un cúmulo de dudas por responder son atendidas sólo por los medios alternativos, los críticos de siempre que se convierten en la opción para quienes no nos conformamos con saber las recomendaciones de la Secretaría de Salud.
Esta es sólo una emergencia de las muchas que podrían ocurrir en la vida del país y es la muestra para saber con quién contamos para informarnos de las poliédricas coyunturas de esta naturaleza.
Al final, los medios funcionan en cuanto a sus audiencias, es nuestra decisión si elegimos sintonizar las descripciones y repeticiones. Es nuestra decisión entre el análisis y el reinado de lo evidente.

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Influenza porcina y medios

Gabriel Sosa Plata

Columna radiofónica “Telecom y Medios”

Noticiario “Pulso de la Mañana”, Radio Educación, 1 de mayo 2009

Tiene razón Ernesto Piedras al afirmar que la epidemia de influenza porcina tiene la característica de ser el primero de los fenómenos de salud pública en la era de la llamada sociedad de la información. Por lo mismo, esta emergencia se convertirá en un interesante objeto de estudio que será analizado desde diferentes disciplinas.

En cuanto al comportamiento de los medios, es prematuro tener una evaluación seria. Pero desde ahora y con los riesgos que esto implica, aventuro algunos planteamientos muy generales.

Uno de ellos es que, en general, la radio y la televisión se convirtieron en ecos fieles y acríticos de las fuentes oficiales. La reiteración de las medidas preventivas y de los datos confusos proporcionados particularmente por las autoridades sanitarias del gobierno federal y del gobierno del Distrito Federal, fue la norma. ¿Qué más allá de eso? Muy poco. Salvo algunas excepciones, los medios han reflejado muchas de sus debilidades: ausencia de investigación, editorialización, en ocasiones excesiva, ignorancia y por supuesto desinformación sobre un tema que los tomó, como a muchos, desprevenidos. Los medios han sido funcionales a las políticas de comunicación del gobierno calderonista en esta nueva tragedia nacional.

Un segundo elemento, obvio a simple vista, pero no tanto como se escuchará a continuación, es que la radio y la televisión abiertas han saturado a las audiencias con información sobre la epidemia. Y era lógico que sucediera así por tratarse de un hecho trascendental de salud pública. Muchas personas se sensibilizaron del tema, cumplieron las recomendaciones y no han dejado de informarse. Quizás ello podrá bajar los contagios. Pero mucha gente sigue sin creer lo que se dice en los medios, sobre todo en cuanto a estadísticas de las personas que han muerto o que han sido contagiadas por el virus. Por supuesto, esto no es un problema sólo atribuible a los medios sino también de la desconfianza que se le tiene a su principal fuente: el gobierno.

Ayer, por ejemplo, el periódico Reforma publicó los resultados de una encuesta aplicada en el Distrito Federal. A la pregunta sobre las cifras que han dado a conocer las autoridades sobre el número de personas contagiadas o fallecidas a causa de la influenza porcina, un 57 por ciento opina que se quedan cortas con la realidad.

Por eso es que, en la era de información, los todavía pocos privilegiados que tenemos acceso a Internet en este país recurrimos a esta tecnología, para encontrar más respuestas a nuestras preguntas. Alejandro Romero, publicó ayer en El Universal, un interesante texto sobre el tema. Afirma que cuando uno buscaba influenza en Google el 28 de abril, encontraba 117 millones de páginas y más de 27 mil noticias publicadas. Esta misma búsqueda el día 29 ofrecía ya 281 millones de resultados y más de 100 mil noticias. Cuando alguien buscaba gripe porcina, un término relativamente nuevo surgido a raíz de esta epidemia, el día 28 se encontraban 658 mil páginas y el 29, un millón 820 mil.

Pero esta saturación no necesariamente implica estar mejor informados. En Internet lo mismo hay fuentes confiables como desconfiables, investigaciones serias así como charlatanería. Ayer Felipe León, comentarista de este noticiario, ironizaba sobre las diversas teorías que pululan en correos electrónicos, blogs y sitios en internet sobre el virus y su contagio. Aunque algunas de estas teorías parecen absurdas, hay quienes les atribuyen mayor confiabilidad que la que se le tiene a muchos de nuestros gobernantes.

Un tercer elemento a considerar es que se demuestra una vez más que Internet, pese a lo que hemos dicho, es también un punto fundamental de encuentro de amigos, familiares y colegas para conversar sobre temas como el que nos ocupa y exponer una opinión sin necesidad de la ahora casi prohibitiva comunicación cara a cara. Las llamadas redes sociales como Facebook y Hi5 son herramientas que lo mismo son utilizadas para informarse que para recibir apoyo, consuelo y hasta ayuda psicológica por el miedo y el pánico generados ante la saturación mediática sobre la enfermedad o bien para manifestar su enojo o preocupación sobre las acciones tomadas por el gobierno ante la epidemia. El citado Alejandro Romero explica ayer que, por ejemplo, en Facebook ya hay más de 500 grupos creados en torno a la Influenza y exclusivos sobre gripe porcina.

En términos laborales, también la red ha sido puesta a prueba para el trabajo a distancia en esta etapa de emergencia. Programas como Skype, Twitter y Messenger han tenido un uso intensivo para no dejar de ser, como dicen las empresas, productivos pese a la circunstancia que atraviesa nuestro país.

Hay muchos otros elementos a considerar, pero el tiempo se nos termina. Sólo quiero agregar que la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, que ahora preside el doctor Raúl Trejo Delarbre y de la cual formo parte, ha abierto un blog para discutir el desempeño de los medios de comunicación en estos días difíciles, así como para intercambiar información, inquietudes y experiencias acerca de este tema. El blog se encuentra en la siguiente dirección: https://mediosantelainfluenza.wordpress.com/

Invito a quienes nos escuchan a participar en este blog, añadiendo comentarios a los textos incorporados. Y quienes quieran colocar una nueva entrada, pueden enviar su texto al correo blogamedi@gmail.com. Aprovechemos Internet para analizar un tema que salvo algunas excepciones, como Radio Educación, es prácticamente ignorado en los medios electrónicos.

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La influenza positiva (y negativa) de los medios

G. Georgina Sosa Hernández.

Al comienzo de la expansión de este nuevo virus,  me parece que los medios actuaron con pertinencia: difundieron la información de inmediato y se hicieron eco de las indicaciones de las autoridades, con lo cual hicieron notar la gravedad de esta circunstancia particular. En cuanto a lo primero, difundieron con precisión las medidas preventivas para evitar la propagación del virus; además, hicieron programas con especialistas (médicos, infectólogos) a fin de orientar con mayor claridad de la afectación posible a la que nos enfrentábamos.

No obstante, lo que comenzó siendo un papel apropiado de los medios ante la confusión (o ignorancia) de la población, se ha ido tornando en una estrategia comunicativa de competencia entre medios que, de principio, no es incorrecta. El problema a mi parecer surge cuando los medios pasan de ser coadyuvantes de la situación de emergencia sanitaria, mediante la difusión señalada, a protagonistas utilitarios de la coyuntura; cuando minimizan el seguimiento puntual de los hechos para explotar todos los ángulos dramáticos de la noticia: las historias de los infectados que salvaron la vida, las condiciones paupérrimas en las que viven aquellos cercanos a los criaderos de puercos, el constante uso de la palabra “pandemia” en cada corte noticioso sin explicar sus reales implicaciones para el país (lo que genera crecientes expectativas negativas acerca del futuro de la situación), son -quizás- los más destacados.

Cabe mencionar la utilidad de Internet en estos momentos de aislamiento forzado (especie de “arraigo domiciliario” voluntario), ya que nos ofrece una ventana de información, sí, pero también un espacio de intercambio y socialización seguro, que ha impedido que ese aislamiento físico se transforme en una reclusión insoportable.

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Eficacia mediática

Raúl Trejo Delarbre

Texto publicado en eje central

¿Qué debieron haber hecho los medios de comunicación ante la emergencia sanitaria? Para responder a esta pregunta sin voluntariosas ideologizaciones es preciso recordar que los medios, antes que nada, tendrían que ser instrumentos de servicio público. Son canales de mediación entre el Estado y la sociedad y, desde luego, entre los variados segmentos que conforman a esa sociedad. Son además espacios de información, entretenimiento, a veces de educación, etcétera. Pero todo ello se supedita a esa función primordial de servicio público.

Así que, en aras de tal servicio, ¿qué deberían haber pretendido los medios de comunicación? La respuesta no es difícil. Si nos encontrábamos ante una epidemia de alcances desconocidos e inicialmente delante de un virus que era –y en alguna manera sigue siendo– también impredecible, la prioridad de los medios era comunicar a la población las dimensiones mayúsculas del problema. De la misma manera, tenían que informar –e instruir– acerca de las medidas que la gente debe tomar para prevenir el contagio.

Esos deberes, los medios los han cumplido de manera notablemente organizada. A una semana de que comenzó la emergencia se puede asegurar que los mexicanos nos enteramos con rapidez de la epidemia. En pocos días la cultura de la protección sanitaria, desde luego acicateada por el miedo, ha permitido que nos resguardemos y ya todos conocemos los síntomas que hacen necesario acudir de inmediato a los servicios de salud.

La manera como distintos medios han presentado las informaciones acerca de la epidemia indican estilos, sesgos y enfoques varios. Pero en términos generales, sería mezquino regatearles a la televisión, a la radio y a la prensa, el papel de comunicación que han cumplido con eficacia. Algunos han exagerado más que otros pero, en ese panorama general, las descripciones altisonantes, la tentación del estruendo y las imágenes lastimeras quedaron en segundo plano. Las explicaciones a cargo de médicos especializados en epidemias han acaparado los segmentos dedicados a ese tema. Tanto en noticieros como en espacios habilitados de manera extraordinaria, las televisoras y radiodifusoras han sido puentes entre los expertos y el resto de la sociedad.

La información acerca del desarrollo de la epidemia ha resultado, esa sí, errática y confusa. Las contradicciones en los datos que comenzó a ofrecer hace varios días el secretario de Salud, así como los vacíos que se mantienen en algunos temas relacionados con los efectos del virus porcino, han desconcertado a no pocos ciudadanos. Los medios, al repetir esa información y sobre todo al prescindir del escaso contexto que le daban las autoridades, contribuyeron a esa confusión.

Pero esos tropiezos han sido parte de un aprendizaje colectivo. El secretario José Ángel Córdova ofrecía algunos días datos de enfermos y defunciones fehacientemente causados por el virus y, en otras ocasiones, se refería a casos aún no comprobados. Por lo demás, ese funcionario ha exhibido una paciencia extraordinaria, requerido día y noche no sólo por los medios sino por otras obligaciones.

El gobierno ha difundido la información a su alcance, desde que la tarde del jueves 23 entendió la gravedad de la epidemia. Puede discutirse si ese reconocimiento lo hizo a tiempo, o no. Pero en cuanto así fue, aunque tuviera que suceder casi a media noche, se anunció la suspensión de clases en la ciudad de México.

Los medios han permitido entender –hasta donde es científicamente posible– la situación de la epidemia y en ellos los ciudadanos han aprendido cómo cuidarse. Ese diagnóstico no les gustará a quienes consideran que el análisis crítico de los medios debe estancarse en la denostación permanente. Tampoco les agradará a quienes creen por principio que este gobierno es incapaz de cumplir con sus obligaciones.

Los medios de comunicación, siempre en una apreciación general, han eludido también la seducción del rumor y la especulación. En los días recientes han circulado por Internet versiones disparatadas, que nunca faltan pero que ante la emergencia epidemiológica resultan más irresponsables que de costumbre. Si alguien quiere creer que el virus H1N1 fue propagado intencionalmente para que dejáramos de prestar atención a la aprobación de algunas leyes en el Congreso (¡como si a la sociedad le interesara tanto lo que hacen los legisladores!), o para que hagan negocio las empresas farmacéuticas, o como resultado de una aviesa conspiración de Obama, Sarkozy y Calderón para atajar la crisis de la economía mundial (¡como si a Wall Street le sirviera de algo el cierre de restaurantes, el quebranto del turismo y el miedo en la ciudad de México!)  ese es asunto de cada quien. Pero si a causa de esas versiones inverosímiles hay quienes consideran que las medidas de prevención son innecesarias, entonces los rumores habrían tenido un efecto potencialmente criminal. Los medios de comunicación no han contemporizado con esa desinformación.

Eso no significa que todo lo hayan hecho bien. Les ha faltado iniciativa, sobre todo para hacer periodismo de investigación aunque ese es un problema permanente de los medios en México. Los conductores han tenido que improvisarse, no siempre exitosamente, como conocedores aunque sea superficiales de epidemias y providencias sanitarias.

La interlocución que entablan con sus audiencias es solamente excepcional y transcurrida la emergencia, la mayor parte de los medios volverá a la unilateralidad de siempre. En esta experiencia todos los medios, pero especialmente los de índole no comercial, podrían encontrar un rumbo que hasta ahora ha sido infrecuente. Los espacios radiofónicos del IMER, los programas especiales de Canal 11, las mesas redondas de TV y Radio UNAM, han sido oportunidades para hacer una comunicación de servicio público.

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