Comunicación ante la influenza

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Un blog de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información

Moda… por una semana

Verónica León Hernández

El miércoles 28  de abril todo México se vio inmerso en un ambiente  de duda, miedo y desconfianza. Se transmitieron diversos comunicados con respecto a una nueva mutación del virus de influenza. Se desató una serie de cometarios acerca de la llamada “influenza porcina” que después se cambió por “humana”   debido más que nada a la baja demanda de los productos derivados del puerco.

Por el temor a adquirir la enfermedad y dada  la necesidad de evitar contagios, se suspendieron clases, cancelaron eventos culturales y deportivos y por supuesto se transmitieron una y otra vez las medidas necesarias para evitar el contagio, ya que no se sabía que variaciones tendría el virus, aunado al reporte de muertes a causa de la enfermedad  por no haberla atendido a tiempo. Las medidas que debían tomarse eran: lavarse las manos continuamente, no saludar de mano o de beso, (cabe mencionar que cambió la manera de saludar que habitualmente tenemos los mexicanos, era raro, ya que nuestra costumbre siempre ha sido tener contacto con nuestros familiares, amigos, conocidos o compañeros de trabajo),  y el uso del cubre bocas.

El cubre bocas evitaba, mencionaban las autoridades que representan las instituciones de salud,  que de alguna manera llegaran virus directamente. Pero el énfasis era la recomendación de que en caso de que alguna persona estuviera enferma, fuera a algún centro de salud, con el fin de saber si tenía o no la enfermedad, y atenderla a tiempo.

Regresando al tema, el  uso de esta medida de cuidado, tanto personal como comunitario, se volvió obligatorio. En los transportes públicos mínimo el 90% de los pasajeros contaban con el suyo. Pasaron menos de 24 horas y se agotaron en toda la ciudad (y tal vez el país). La diversidad de modelos salió a las calles, ya sea con sonrisas pintadas o de diversos colores, incluso multicolores paliacates cubrían el rostro mexicano con la esperanza de no contraer la ahora famosa enfermedad.

A una semana y media, de todos los ciudadanos que cumplieron con cuidarse a ellos mismos y a su entorno, un gran número de habitantes dejaron de cubrir su rostro, se dejó de lado el cubre bocas, aproximadamente 5 ó 10 por ciento de ellos seguían saliendo a las calles con él. En las calles se seguían regalando, algunas estaciones del metro citadino los proporcinaban, además de repartir gel antibacterial o sanitizante, insistían en el uso del mismo. Pero aun así la ciudad regresaba a su normalidad, o por lo menos las calles se veían “descubiertas”.

Por fin se pasó al verde en cuanto a la alerta epidemiológica, pero la moda de cubrir el rostro, por sanidad ya había quedado atrás hacía varios días.

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Archivado en: Experiencias, Medios (general)

One Response

  1. Dorix dice:

    Pero fue antes del 28 de abril, ¿no? (que además fue martes, no miércoles). Recordemos que el primer mensaje en cadena nacional se dio desde el jueves 23 y el uso de cubrebocas comenzó desde el viernes en la Ciudad de México y otros lugares.

    Por lo demás, me parece que el uso del cubrebocas, en términos sociales, fue mucho más que una moda y condensó todo un abanico de significados.

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