Comunicación ante la influenza

Icono

Un blog de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información

Comunicación y televisión en tiempos de influenza

René Ramos Palacios

profesor en la FCPyS de la UNAM

Desde que la TV nace en 1950 se pensó que sus “funciones” serían las de educar, informar y entretener, así,  en ese orden, aunque sin jerarquía o reglas de porcentaje para cada de ellas.

Muy pronto en los 60  y fundamentalmente en los 70  se vio que sería precisamente al revés y ahora si con marcas de jerarquía perfectamente definidas: entretener, informar y educar. Hasta 1985, antes de la modificación de las tv’s públicas en el mundo (fundamentalmente europa), las segunda hipotética función de la tv se mantenía incólume y ocupaba una buena parte de la programación televisiva. Pero justamente a mediados de los 80 (con la incorporación de las compañías privadas en los sistemas de televisión estatales) es cuando se da el banderazo oficial de salida al “ficcionamiento de las noticias” y con ello su incorporación definitiva al entretenimiento. La noticia como el producto mejor acabado del espectáculo.

Y para muestra veamos: cambio en el tono y ritmo de los reporteros al dar la información (hoy son narradores); imágenes fuera de tiempo real (ralentizadas o aceleradas); filtros de color; transiciones con efectos digitalizados; elipsis y estructuras narrativas con vueltas en el tiempo como el flasback o el forward; encuadres que muestran composiciones tan cargadas de contenido capaces de editorializar en una mirada;  angulaciones  con ubicuidad trascendente, es decir, por arriba, o por debajo de lo que nuestros ojos encuentran en el horizonte objetivo al presenciar un hecho y; por supuesto la fragmentación que supone el observar la realidad a través de una lente. Todas estas, marcas de la ficción que hoy consumimos cotidianamente en las piezas informativas de los noticiarios de tv, la cadena de que se trate, nos dan una Información verosímil pero no verdadera.

Si a ello agregamos la falta de claridad en los datos sobre el fenómeno mismo, provocado por las autoridades y sus “voceros”, pues además de no verdadera, resulta también inverosímil.

El resultado es entonces un desastre en la comunicación social.

La política mira por el bien común. Los políticos son los ejecutivos (porque deben ejecutar), las estrategias para lograr ese bien común. ¿Pero qué es lo que hemos vistos en tiempos de emergencia sanitaria?

Temor de las autoridades por dejar al descubierto que no se cuenta con la infraestructura necesaria para realizar pruebas y confirmaciones de ciertos casos; la consecuente dependencia de otros países para tener la certeza de nuestros males; negligencia en la aplicación de recursos para el desarrollo e investigación y más aun en la prevención; retraso y manipulación burocrática para declarar una emergencia; develar la evidencia de que no contamos con medicamentos y centros de salud para atender una epidemia, etc., etc.

Es decir, fallas en el diseño de políticas en salud pública y fallas de los políticos para ejecutar las políticas locales que pudieran enunciarse en las leyes y reglamentos al respecto, así como  aquellas de carácter internacional que dicta la OMS.

Sin políticas, sin políticos y sin administradores públicos en general, la autoridad se  muestra con miedo de fracasar, de ser exhibida y con miedo de no haber tomado decisiones en su momento para esta u otra emergencia que se presente. Con miedo de  dejar clarísimo que en verdad el gobierno le ha hecho brecha a un Estado fallido.  Una autoridad con miedo falsea la realidad, el medio de comunicación la ficciona y  la audiencia simplemente la consume.

Este es el panorama de un proceso de comunicación (social) lastimado y lastimoso, muy alejado de ser in-formativo y que ayude a la prevención.

¿Pero, aquí se acaba el “proceso de comunicación” o habrá retorno (feeback) de parte de quién reconstruye estos mensajes?

Existe retroalimentación en la tv? Si, si la hay pero la audiencia la “reconstruye” incierta, en un marco de desconfianza y descrédito hacia quien la “construye”, es decir la autoridad.

Sin posibilidades de hacer realmente efectiva la retroalimentación en tv, pues para las cadenas el tiempo es oro y no hay espacios para la opinión de las audiencias, la verdadera retroalimentación se da en la calle, el trabajo, reuniones de amigos, familiares y en el ágora moderno, nuestro “nuevo” medio masivo: la gran red.

En la parte más álgida de la emergencia, sin muchas posibilidades de socializar en la calle, el trabajo o en las reuniones, la interacción tuvo lugar en la red: la instantaneidad del Messenger (con o sin webcam), la dinámica de los e-mails (con o sin presentaciones de powerpoint), la explosión de redes virtuales tipo hi-5 (con o sin fotos), facebook (con o sin chistes), la publicación de cientos de blogs (con o sin sustento), etc., ese fue el espacio de la retroalimentación para sendas conferencias de prensa y espacios noticiosos en todos los canales de tv que animó la autoridad sanitaria.

Ahí es donde se da la segunda parte del proceso o donde se da el giro de tuerca para este fenómeno comunicacional. En la red se intercambian opiniones, se hacen referencias específicas a mensajes específicos vistos en tv, comentarios de supuestos especialistas, algunos ciertamente iniciados y hasta allegados al gobierno que “conocen la verdad del suceso”. Pero también se da el intercambio entre iguales, trabajadores, amas de casa, estudiantes, el grueso de la audiencia de tv que halla en la red el espacio propicio para “escuchar y ser escuchado”, “leer y ser leído”.

Es cierto que ahí también se halló el centro de fantaseosas epidemias originadas por malévolas mentes de propietarios de laboratorios químicos, o estrategias electorales animadas por las truculentas mentes de políticos fracasados, ante las cuales la autoridad salió al paso para descalificar por ignorantes a quienes han creído en tales afirmaciones, pero es un hecho que la red se conviertió durante la emergencia y posterior a ella, en el espacio legítimo y democrático en el que hoy se dirimen los fenómenos comunicacionales. Para otros casos, por fortuna, además está la calle, el trabajo las reuniones familiares y de amigos.

La comunicación social desde el gobierno hoy desacredita a la red por no tener su control y porque tampoco sabe usarla en su beneficio y de sus gobernados. La comunicación social política (la que mira por el bien común),  sabe que tiene en ella una verdadera herramienta de retroalimentación que ningún otro medio ha tenido.

La realidad también se fragmenta en la red, también se ficciona, pero al menos existe la posibilidad de una retroalimentación mucho más dinámica y podemos encontrar tantas opiniones de personas, instituciones, organizaciones, asociaciones, empresas,  como links queden a la mano.

Anuncios

Archivado en: Gobierno y epidemia, Internet, Televisión

De las vacas locas a las pandemias de la información

Gerson R. Hernández Mecalco


“Lo llamaremos gripe mexicana, no lo llamaremos gripe porcina”: Yakov Litzman, Viceministro de Sanidad de Israel, (Europa Press, Jerusalén, 27Ab09).

Parafraseando al estimado Ignacio Ramonet en esta coyuntura pandémica; esta pasando “con la información, lo que ha pasado con la alimentación”. En La Tiranía de la Comunicación (Madrid, Debate, 1998) el director de Le Monde Diplomatique (edición española) nos recuerda históricamente que durante mucho tiempo la alimentación fue muy escasa -y en muchos lugares del mundo desafortunadamente lo sigue siendo-; sin embargo:

Gracias a la revolución agrícola, la superproducción permitió, en los países europeos, producir abundancia de alimentación, nos dimos cuenta de que muchos de los alimentos que consumimos estaban contaminados, envenenados por pesticidas, mal elaborados, y así causan enfermedades, producen cáncer, producen toda clase de problemas de salud y pueden hasta causar la muerte, como la peste de las vacas locas. Antes podíamos morir de hambre, pero hoy podemos morir por comer alimentos contaminados.

Hoy en día con la información ocurren cosas parecidas. No al grado que cita el francés: “Empédocles decía que el mundo estaba hecho de la combinación de cuatro elementos: aire, agua, tierra y fuego. Pues hoy podemos decir que la información es tan abundante que constituye un quinto elemento”. Sin embargo considero que el hecho de que haya mucha información; no es sinónimo de que estemos informados.

Antes nos quejábamos de que no había suficiente información, sin embargo hoy en día no podemos tener la certidumbre de que la encontrada en la “googlelización” son datos que se puedan corroborar. Hoy nos podemos morir de comer carne de vaca, como también indigestarnos de tanta información. Jap. ¿Qué pasa con la información en los tiempos de influenza?, ¿Acaso los emisores de la información en esta coyuntura sin ser portadores del  virus A H1 N1, manifiestan fiebres de más de 39 grados de sensacionalismo en los telenoticiarios?, y peor aún ¿Los efectos de los mensajes influenciados están provocando dolores de cabeza que se traducen en desinformación? Pues veamos algunas de estas aristas:

El País

Desde mi punto de vista el periódico español El País, esta contribuyendo a no comer carne de vaca en tiempos de la influenza informativa. Hasta el momento he captado dos documentos que corroboran el interés de informar. Sin embargo no todo es pan de canela sobre hojuelas; ya que también han caído en el racismo informativo.

Jueves 30 de Abril

El periodista Pablo Ordaz entrevista a Miguel Ángel Lezana, director general del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades de la Secretaría de Salud en México. El encuentro corrobora dos cosas: Los cubre bocas sirven para camuflajear barros y segunda, también para cubrir otras imperfecciones, ya ”que las mascarillas permiten fácilmente el paso de las partículas, además es muy poco viable que el virus pueda transmitirse por el aire sin estar en contacto con ninguna superficie”.

– Insiste el camarada reportero: ¿Por qué han repartido millones de mascarillas?

R. “Bueno, es más una demanda de la población. La gente se siente más segura llevándolas, más tranquila, y no les hace ningún daño”. Jap. Populismo médico y mediático. ¡Que barbaridad, pobre muchacho!

Lunes, 04 de Mayo

En esta ocasión el periodista Emilio de Benito entrevistó, en Ginebra, a la dama de hierro de la salud en tiempos de influenza: Margaret Chan -nombre analógico a la otrora dama de hierro, Margaret Tacher- Directora general, desde hace tres años, de la Organización Mundial de la Salud (OMS),con una experiencia de más de tres décadas en temas de la misma índole.

Para un desorientador de las nuevas generaciones es importante analizar algunas de las respuestas de la responsable de dirigir la estrategia en contra del virus A H1 N1.

El reportero pregunta: “Suiza ha confirmado ya un caso de gripe A H1 N1 en humanos. Algunas personas en el aeropuerto usaban mascarillas esta mañana, pero no he visto a ninguna que las lleve en la sede de la OMS. ¿Ha dado alguna orden al respecto?”

R. “No, en absoluto. Las mascarillas son útiles en unos casos, e innecesarias en otros. Por ejemplo, si a alguien le moquea la nariz o tiene tos, es bueno, y hasta ético, que lleve. Cuando se visitan hospitales, o alguien de tu familia está enfermo, usar mascarilla puede ser muy adecuado. Pero en otras circunstancias, no hacen falta. No quiero enviar un mensaje de que usar mascarillas es inadecuado. Los individuos deben ser capaces de tomar la mejor decisión”.

Espero que el caballero Miguel Ángel Lezana haya leído la respuesta de la funcionaria, y recuerde su declaración de que los cubre bocas son ”una demanda de la población”. Jap.

Continúa el encuentro de inteligencias. Emilio de Benito cuestiona: “Hay críticos que dicen que la OMS, los Gobiernos e incluso los medios de comunicación han sobreactuado en esta crisis. Que se está exagerando lo que, de momento, no es más que una gripe. Nueva, pero perteneciente a una familia de virus con la que los humanos han convivido durante casi 3.000 años”.

R. Eso es comprensible. Siempre que hay un brote de una nueva enfermedad hay dos grupos de comentarios. Unos dicen que se está haciendo muy poco y muy tarde. Y otras personas dicen que se está exagerando. ¿Y usted, qué opina?, insiste el comunicador.

R. Hemos aprendido del Síndrome Agudo Respiratorio Grave (SARS), también llamado al principio neumonía asiática en 2003 y del H5N1 [que causa la gripe aviar] en los últimos años, que ambos son amenazas para la gente… cada nueva enfermedad debe ser tratada con energía y que nunca debemos darle cancha. Porque es verdad que en este momento, este virus está siendo leve en la mayoría de los países, pero todavía no hemos visto todo el espectro de la enfermedad. Cuando sólo tenemos unos pocos casos, no podemos decir qué dirección va a tomar… Si tomamos la pandemia de 1918, empezó también como una enfermedad muy leve, y tuvo un periodo de calma en el que parecía que se había retirado. Pero volvió y causó millones de muertos y enfermos. Y esto es algo que quiero destacar: los virus de la gripe son muy impredecibles, muy tramposos. No debemos confiarnos.

La fase seis

Ante la pregunta de que qué quiere decir estar en el llamado “nivel 6”, la funcionaria argumenta: “Mucha gente tiene muchas ideas equivocadas… Muchos creen que entonces habrá muchísimos enfermos y que todos morirán, y que todos los países estarán afectados. Y eso no es así, porque la característica de esta enfermedad es que va por oleadas. La fase 6 no quiere decir que todos los países se afectarán a la vez, ni que todas las personas enfermarán y morirán. Ni siquiera en los países que tengan brotes todas las personas se infectarán. Así que no debemos transmitir mensajes erróneos que causen miedo, preocupación o ansiedad. No debemos interferir de manera innecesaria en la vida de la gente”.

En otras palabras no se debe desinformar acerca de la casi llegada de los cuatro jinetes de la apocalipsis o de parafrasear la crónica del florentino Durante Dante Alighieri en el reino de Hades. “El estado pandémico es una advertencia, una señal a todas las autoridades sanitarias del mundo para que inicien actuaciones, aumenten la vigilancia y tomen medidas para proteger a su población. El nivel 6 no quiere decir, en absoluto, que nos acercamos al fin del mundo. Es importante aclarar esto, porque si no, cuando anunciemos el nivel 6, causaremos un pánico innecesario”.

Alerta sanitaria. Preguntas de los lectores

En la sección de la voz del lector del rotativo europeo se pregunta: ¿Es ilógico tanto control?, refiriéndose a la influenza, advirtiendo: “Las dudas ya escapan de lo estrictamente sanitario. Los lectores de ELPAÍS.com buscan otros enfoques. Señal de que no lo tienen todo claro”. Lo que queda claro es el racismo: Veamos:

Antonio. Esto me parece de risa, por una gripe común estacional, se paraliza un país, se arruina su economía, se somete a sus ciudadanos a controles ilógicos, se ponen en marcha protocolos absurdos, se llenan páginas en los periódicos.

La respuesta es: – Sólo un matiz: no se trata de “una gripe común estacional”. La gripe estacional de este año estaba formada por un virus H1N1 Brisbane (lógicamente, el nombre da una pista de dónde se aisló por primera vez), un H3N2 Brisbane y un virus tipo B Florida, según los Centros de Control de Enfermedades de Atlanta. Este virus H1N1 es diferente (no sé si lo acabarán llamando Mexicano o algo así) y nunca visto hasta ahora. Lo malo que puede tener, sobre todo ahora que llega el invierno al hemisferio Sur, es que se va a añadir a los virus que ya se preveían…

Espero que no se le dé la patente a nuestro país, y sugiero también que los excelentes documentos que han registrado sus páginas; no se infecten del virus de las vacas locas; y que si ya lo está, recuerden que hasta donde sé no hay vacuna alguna contra el racismo.

Zarpado hacía la razón

Es “harto” singular que algunos anuncios de la Secretaría de Salud que salieron este fin de semana seguían llamando “porcino” al virus citado. A pesar de que el propio titular de Salud, José Ángel Córdova, pidió no llamarlo así. (Bajo Reserva, El Universal, 04My09).

También es “harto” singular que: “El presupuesto federal orientado a la vigilancia epidemiológica en México ha experimentado una merma significativa de casi 15 por ciento, al menos en los últimos 2 (sic) años… Un análisis de los presupuestos 2008 y 2009 de la Secretaría de Salud mostró una reducción de 180 millones de pesos a los gastos del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades. Por si fuera poco, este año la dependencia gastará 400 millones de pesos en llaveros y tazas con el logotipo del Seguro Popular, poco más de la mitad de lo que recibirá el Instituto de Enfermedades Respiratorias Ismael Cosío Villegas y que será de 659 millones de pesos” (El Financiero, 04My09).

Gestemos la vacuna contra los 39 grados de sensacionalismo, la fiebre de la desinformación, y los síntomas racistas. La fórmula es informarnos a través de las redes sociales. El Estado somos nosotros. Solamente así vacunaremos a las pandemias de la información.

Académico de la FCPyS-UNAM

Escuela Política de Robinsones

http://robinsonespoliticaycomunicacion.blogspot.com
chajaro_infante@hotmail.com
gmecalco@gmail.com

Archivado en: Gobierno y epidemia, Miradas globales

Mejía Barquera: todos en la casa

Fernando Mejía Barquera, conocido y leído analista de medios, escribe en su artículo de este sábado en Milenio:

“Probablemente nunca hubo en México, a través de los medios de comunicación, tanta información sobre un tema y al mismo tiempo tanta confusión y dudas con respecto a él. Es una paradoja que horas y más horas de información en radio y tv no logren disipar las dudas o disminuir los temores de una población que ve y escucha con azoro cómo funcionarios gubernamentales exponen y modifican cifras, bautizan y rebautizan a un virus que primero se llamó “de la influenza porcina”, luego “de la gripe humana” y ahora “A/H1/N1”.

Archivado en: Gobierno y epidemia

Influenza porcina y medios

Gabriel Sosa Plata

Columna radiofónica “Telecom y Medios”

Noticiario “Pulso de la Mañana”, Radio Educación, 1 de mayo 2009

Tiene razón Ernesto Piedras al afirmar que la epidemia de influenza porcina tiene la característica de ser el primero de los fenómenos de salud pública en la era de la llamada sociedad de la información. Por lo mismo, esta emergencia se convertirá en un interesante objeto de estudio que será analizado desde diferentes disciplinas.

En cuanto al comportamiento de los medios, es prematuro tener una evaluación seria. Pero desde ahora y con los riesgos que esto implica, aventuro algunos planteamientos muy generales.

Uno de ellos es que, en general, la radio y la televisión se convirtieron en ecos fieles y acríticos de las fuentes oficiales. La reiteración de las medidas preventivas y de los datos confusos proporcionados particularmente por las autoridades sanitarias del gobierno federal y del gobierno del Distrito Federal, fue la norma. ¿Qué más allá de eso? Muy poco. Salvo algunas excepciones, los medios han reflejado muchas de sus debilidades: ausencia de investigación, editorialización, en ocasiones excesiva, ignorancia y por supuesto desinformación sobre un tema que los tomó, como a muchos, desprevenidos. Los medios han sido funcionales a las políticas de comunicación del gobierno calderonista en esta nueva tragedia nacional.

Un segundo elemento, obvio a simple vista, pero no tanto como se escuchará a continuación, es que la radio y la televisión abiertas han saturado a las audiencias con información sobre la epidemia. Y era lógico que sucediera así por tratarse de un hecho trascendental de salud pública. Muchas personas se sensibilizaron del tema, cumplieron las recomendaciones y no han dejado de informarse. Quizás ello podrá bajar los contagios. Pero mucha gente sigue sin creer lo que se dice en los medios, sobre todo en cuanto a estadísticas de las personas que han muerto o que han sido contagiadas por el virus. Por supuesto, esto no es un problema sólo atribuible a los medios sino también de la desconfianza que se le tiene a su principal fuente: el gobierno.

Ayer, por ejemplo, el periódico Reforma publicó los resultados de una encuesta aplicada en el Distrito Federal. A la pregunta sobre las cifras que han dado a conocer las autoridades sobre el número de personas contagiadas o fallecidas a causa de la influenza porcina, un 57 por ciento opina que se quedan cortas con la realidad.

Por eso es que, en la era de información, los todavía pocos privilegiados que tenemos acceso a Internet en este país recurrimos a esta tecnología, para encontrar más respuestas a nuestras preguntas. Alejandro Romero, publicó ayer en El Universal, un interesante texto sobre el tema. Afirma que cuando uno buscaba influenza en Google el 28 de abril, encontraba 117 millones de páginas y más de 27 mil noticias publicadas. Esta misma búsqueda el día 29 ofrecía ya 281 millones de resultados y más de 100 mil noticias. Cuando alguien buscaba gripe porcina, un término relativamente nuevo surgido a raíz de esta epidemia, el día 28 se encontraban 658 mil páginas y el 29, un millón 820 mil.

Pero esta saturación no necesariamente implica estar mejor informados. En Internet lo mismo hay fuentes confiables como desconfiables, investigaciones serias así como charlatanería. Ayer Felipe León, comentarista de este noticiario, ironizaba sobre las diversas teorías que pululan en correos electrónicos, blogs y sitios en internet sobre el virus y su contagio. Aunque algunas de estas teorías parecen absurdas, hay quienes les atribuyen mayor confiabilidad que la que se le tiene a muchos de nuestros gobernantes.

Un tercer elemento a considerar es que se demuestra una vez más que Internet, pese a lo que hemos dicho, es también un punto fundamental de encuentro de amigos, familiares y colegas para conversar sobre temas como el que nos ocupa y exponer una opinión sin necesidad de la ahora casi prohibitiva comunicación cara a cara. Las llamadas redes sociales como Facebook y Hi5 son herramientas que lo mismo son utilizadas para informarse que para recibir apoyo, consuelo y hasta ayuda psicológica por el miedo y el pánico generados ante la saturación mediática sobre la enfermedad o bien para manifestar su enojo o preocupación sobre las acciones tomadas por el gobierno ante la epidemia. El citado Alejandro Romero explica ayer que, por ejemplo, en Facebook ya hay más de 500 grupos creados en torno a la Influenza y exclusivos sobre gripe porcina.

En términos laborales, también la red ha sido puesta a prueba para el trabajo a distancia en esta etapa de emergencia. Programas como Skype, Twitter y Messenger han tenido un uso intensivo para no dejar de ser, como dicen las empresas, productivos pese a la circunstancia que atraviesa nuestro país.

Hay muchos otros elementos a considerar, pero el tiempo se nos termina. Sólo quiero agregar que la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, que ahora preside el doctor Raúl Trejo Delarbre y de la cual formo parte, ha abierto un blog para discutir el desempeño de los medios de comunicación en estos días difíciles, así como para intercambiar información, inquietudes y experiencias acerca de este tema. El blog se encuentra en la siguiente dirección: https://mediosantelainfluenza.wordpress.com/

Invito a quienes nos escuchan a participar en este blog, añadiendo comentarios a los textos incorporados. Y quienes quieran colocar una nueva entrada, pueden enviar su texto al correo blogamedi@gmail.com. Aprovechemos Internet para analizar un tema que salvo algunas excepciones, como Radio Educación, es prácticamente ignorado en los medios electrónicos.

Archivado en: Gobierno y epidemia, Internet, Medios (general)

Eficacia mediática

Raúl Trejo Delarbre

Texto publicado en eje central

¿Qué debieron haber hecho los medios de comunicación ante la emergencia sanitaria? Para responder a esta pregunta sin voluntariosas ideologizaciones es preciso recordar que los medios, antes que nada, tendrían que ser instrumentos de servicio público. Son canales de mediación entre el Estado y la sociedad y, desde luego, entre los variados segmentos que conforman a esa sociedad. Son además espacios de información, entretenimiento, a veces de educación, etcétera. Pero todo ello se supedita a esa función primordial de servicio público.

Así que, en aras de tal servicio, ¿qué deberían haber pretendido los medios de comunicación? La respuesta no es difícil. Si nos encontrábamos ante una epidemia de alcances desconocidos e inicialmente delante de un virus que era –y en alguna manera sigue siendo– también impredecible, la prioridad de los medios era comunicar a la población las dimensiones mayúsculas del problema. De la misma manera, tenían que informar –e instruir– acerca de las medidas que la gente debe tomar para prevenir el contagio.

Esos deberes, los medios los han cumplido de manera notablemente organizada. A una semana de que comenzó la emergencia se puede asegurar que los mexicanos nos enteramos con rapidez de la epidemia. En pocos días la cultura de la protección sanitaria, desde luego acicateada por el miedo, ha permitido que nos resguardemos y ya todos conocemos los síntomas que hacen necesario acudir de inmediato a los servicios de salud.

La manera como distintos medios han presentado las informaciones acerca de la epidemia indican estilos, sesgos y enfoques varios. Pero en términos generales, sería mezquino regatearles a la televisión, a la radio y a la prensa, el papel de comunicación que han cumplido con eficacia. Algunos han exagerado más que otros pero, en ese panorama general, las descripciones altisonantes, la tentación del estruendo y las imágenes lastimeras quedaron en segundo plano. Las explicaciones a cargo de médicos especializados en epidemias han acaparado los segmentos dedicados a ese tema. Tanto en noticieros como en espacios habilitados de manera extraordinaria, las televisoras y radiodifusoras han sido puentes entre los expertos y el resto de la sociedad.

La información acerca del desarrollo de la epidemia ha resultado, esa sí, errática y confusa. Las contradicciones en los datos que comenzó a ofrecer hace varios días el secretario de Salud, así como los vacíos que se mantienen en algunos temas relacionados con los efectos del virus porcino, han desconcertado a no pocos ciudadanos. Los medios, al repetir esa información y sobre todo al prescindir del escaso contexto que le daban las autoridades, contribuyeron a esa confusión.

Pero esos tropiezos han sido parte de un aprendizaje colectivo. El secretario José Ángel Córdova ofrecía algunos días datos de enfermos y defunciones fehacientemente causados por el virus y, en otras ocasiones, se refería a casos aún no comprobados. Por lo demás, ese funcionario ha exhibido una paciencia extraordinaria, requerido día y noche no sólo por los medios sino por otras obligaciones.

El gobierno ha difundido la información a su alcance, desde que la tarde del jueves 23 entendió la gravedad de la epidemia. Puede discutirse si ese reconocimiento lo hizo a tiempo, o no. Pero en cuanto así fue, aunque tuviera que suceder casi a media noche, se anunció la suspensión de clases en la ciudad de México.

Los medios han permitido entender –hasta donde es científicamente posible– la situación de la epidemia y en ellos los ciudadanos han aprendido cómo cuidarse. Ese diagnóstico no les gustará a quienes consideran que el análisis crítico de los medios debe estancarse en la denostación permanente. Tampoco les agradará a quienes creen por principio que este gobierno es incapaz de cumplir con sus obligaciones.

Los medios de comunicación, siempre en una apreciación general, han eludido también la seducción del rumor y la especulación. En los días recientes han circulado por Internet versiones disparatadas, que nunca faltan pero que ante la emergencia epidemiológica resultan más irresponsables que de costumbre. Si alguien quiere creer que el virus H1N1 fue propagado intencionalmente para que dejáramos de prestar atención a la aprobación de algunas leyes en el Congreso (¡como si a la sociedad le interesara tanto lo que hacen los legisladores!), o para que hagan negocio las empresas farmacéuticas, o como resultado de una aviesa conspiración de Obama, Sarkozy y Calderón para atajar la crisis de la economía mundial (¡como si a Wall Street le sirviera de algo el cierre de restaurantes, el quebranto del turismo y el miedo en la ciudad de México!)  ese es asunto de cada quien. Pero si a causa de esas versiones inverosímiles hay quienes consideran que las medidas de prevención son innecesarias, entonces los rumores habrían tenido un efecto potencialmente criminal. Los medios de comunicación no han contemporizado con esa desinformación.

Eso no significa que todo lo hayan hecho bien. Les ha faltado iniciativa, sobre todo para hacer periodismo de investigación aunque ese es un problema permanente de los medios en México. Los conductores han tenido que improvisarse, no siempre exitosamente, como conocedores aunque sea superficiales de epidemias y providencias sanitarias.

La interlocución que entablan con sus audiencias es solamente excepcional y transcurrida la emergencia, la mayor parte de los medios volverá a la unilateralidad de siempre. En esta experiencia todos los medios, pero especialmente los de índole no comercial, podrían encontrar un rumbo que hasta ahora ha sido infrecuente. Los espacios radiofónicos del IMER, los programas especiales de Canal 11, las mesas redondas de TV y Radio UNAM, han sido oportunidades para hacer una comunicación de servicio público.

Archivado en: Gobierno y epidemia, Internet, Medios (general), Medios no comerciales

Calderón y Ebrard compiten por la información

Independientemente de si fue oportuna o no la detección del virus de la influenza porcina en México y, después, la información proporcionada a la sociedad para enterarla del brote de la epidemia y las medicas preventivas básicas de salud que se requieren para que no se propague la misma, llama la atención la “competencia informativa” entre los gobiernos de Felipe Calderón y Marcelo Ebrard.

El primero optó por delegar en su secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, la emisión de mensajes, de partes informativos y el contacto directo con los medios de comunicación y las agencias de noticias a través de conferencias de prensa, luego de que Calderón se pronunciara en la Cuarta Sesión Extraordinaria del Consejo Nacional de Salud el domingo 26 de abril.

Marcelo Ebrard, en cambio, optó por ser el mensajero y vocero de su propio gobierno ante la contingencia. Por ejemplo, la noche del lunes 27 de abril emitió un mensaje por algunas estaciones de radio y por Televisa y TV Azteca para reiterar las medidas sanitarias y advertir que el objetivo era reducir el número de casos, de contagios y garantizar el abasto de medicamentos y la atención en los centros de salud de la capital.

Ante una mesa de madera, Ebrard aparecía sentado, con la respiración un tanto agitada y un discurso más bien improvisado, con la bandera nacional a su izquierda y otra bandera más con el escudo de la Ciudad de México a su diestra. La imagen era más que la de un Jefe de Gobierno y parecía más bien la simbología propia de un mensaje presidencial: traje oscuro, camisa blanca, corbata morada y dos micrófonos de solapa (por si uno fallaba). Fue una alocución breve, de casi tres minutos.

Calderón, que había delegado en Córdova Villalobos la tarea informativa, dejó de tener una presencia pública y posicionamientos ante la situación epidemiológica. Sin embargo, la noche del miércoles 29 de abril salió en cadena nacional a trasmitir un mensaje a la nación. El pretexto: el paso de la fase 4 a la fase 5 de la alarma epidemiológica decretada por la Organización Mundial de la Salud. Éste no fue un mensaje escueto sino más bien extenso, de 17 minutos. Informó qué es el virus de la influenza, explicó el tránsito a la fase 5 de la alerta, insistió en la prevención, anunció nuevas medidas como la suspensión de actividades administrativas no indispensables e hizo un llamado a la unidad de todos los mexicanos para superar la actual situación de emergencia.

El presidente apareció, también, con la bandera y un librero de fondo, traje oscuro, camisa blanca y corbata roja. Puso énfasis en qué, a menos que fueran lugares aglomerados, los restaurantes podrían ofrecer sus servicios, a diferencia del Acuerdo de suspensión de actividades en los establecimientos mercantiles ubicados en las delegaciones del Distrito Federal que emitió el secretario de Gobierno capitalino, José Ángel Ávila Pérez, y que ordena la suspensión temporal hasta el 5 de mayo de negocios que operen, entre otros, como restaurantes. Esta medida del Gobierno del Distrito Federal causó molestia entre los agremiados a la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco), y estimó que mientras dure la contingencia, las empresas del ramo perderán 777 millones de pesos diarios (El Universal, 29 de abril).

A esta “competencia” informativa entre jefes del Ejecutivo federal y capitalino se suma el proselitismo de algunos candidatos a cargos de elección popular. Reforma (29 de abril) informó de los casos de Alejandro Zapata Perogordo y Fernando Toranzo, candidatos del PAN y el PRI, respectivamente, al gobierno de San Luis Potosí, quienes repartieron volantes y cubrebocas a los ciudadanos; o bien Rodrigo Medina, aspirante priísta a la gubernatura de Nuevo León, quien también obsequió cubrebocas y gel antibacterial.

En los próximos días seguiremos viendo mensajes y expresiones respecto de la pandemia por influenza porcina, una expresión –la de pandemia– que ya está aceptada por la Organización Mundial de la Salud en sus comunicaciones, pero que no está siendo utilizada por los gobiernos federal y capitalino en sus respectivos discursos.

(Redacción de la revista Zócalo)

Archivado en: Gobierno y epidemia

Cortinas de humo

Me llegó uno de esos correos que hoy abundan con justa razón pero que no comparto. A diferencia de otros tantos, éste tiene una advertencia que se agradece ya que invita a leerlo y sacar conclusiones propias. Cosa rara en tiempos más bien inquisitorios.

El correo hace referencia a la gripe asiática que sirvió de cortina de humo para ocultar la grave crisis económica que hubo en esa región hace unos años. Y enseguida refiere algunas situaciones reales que han ocurrido en nuestro país en los últimos días y que, ciertamente, no han tenido la cobertura pertinente, a saber: a) iniciativa de ley para la portación de dosis mínimas de drogas, b) iniciativa de ley para dotar de facultades extraordinarias a una única policía federal, c) el incremento estrepitoso de la deuda externa a causa de créditos con el FMI y d) la participación de soldados estadounidenses en territorio mexicano.

¿El correo miente? Yo diría que no. Pero abusa al comentar que en lugar de una influenza lo que está sufriendo el pueblo mexicano es “terrorismo de Estado” sin que lo otro ocurra. En lo personal no creo que nos encontremos ante una cortina de humo. Los casos referidos efectivamente están ocurriendo, las dos iniciativas de ley siguen su curso de acuerdo con el procedimiento legislativo, el crédito con el FMI también es real. Sin embargo muchas otras cosas más y peores ocurren de lunes a domingo los 365 días del año. ¿Acaso es que algunos, ante la sospecha justificada, apenas lo están viendo?

Un saludo desde Puebla,

Roberto Alonso


Archivado en: Gobierno y epidemia

Miente el gobierno. Texto de Mario Campos

“Dos corrientes de opinión recorren las conversaciones en el país. Sus caminos son muy distintos pero su destino es el mismo. Una, la apocalíptica, se alimenta de todas las historias que desde hace siglos pronostican la gran tragedia. Para ella, la materia prima es la muerte, contenida en los cientos de cadáveres, que dice, las fuerzas gubernamentales intentan ocultar”…

“Junto a esta historia hay otra igual de popular marcada por el escepticismo. Versión que tiene como semilla la desconfianza y como fertilizante la falta de información. Según sus promotores todo lo que estamos viviendo es una gran ficción, una puesta en escena. Los muertos no existen y a los enfermos nadie los ha visto. Su emblema es una cortina de humo, que mal encubre negocios y maniobras políticas de origen muy diverso, desde los laboratorios que se estarían haciendo multimillonarios hasta los legisladores que habrían aprobado leyes lejos de los ojos del público. Versión global del complot que unas veces señala como origen al gobierno mexicano y otras a organismos como el G-7.”

Ambas versiones, “evidentemente excluyentes pues sólo una podría ser verdad, se encuentran al final en su conclusión: el gobierno miente y los medios son su cómplice”.

Eso escribe Mario Campos en su blog de El Universal. Conductor de Antena Radio de las mañanas en el IMER, que en esta circunstancia está haciendo un espléndido trabajo, Campos es protagonista y a la vez analista de los medios ante la presente crisis.

Archivado en: Gobierno y epidemia

Alarmismo

Me parece que la información fue, ha sido alarmista.

1.- Nadie intento explicarme a las personas que haciendo un circulo de limpieza no le pasa nada.

2.- El tema del cubre bocas es verdaderamente patetico. Cuando lo más importante pueden ser las manos sobre todo en una ciudad con el D.F; donde la densidad de población o el porcentaje de población que emplea transporte publico es alto.

3.- Los medios buscaron explicaciones prácticas no lógicas.

4.- Sí, creo que su ayuda es importante si fueran objetivos.

5.-En adicción a que no han mostrado un comparativo del número de muertos anuales en México por gripe contra el del H1N1. Al momento nadie lo ha mostrado.

6.- Nadie ha dicho el tiempo para contener la epidemia que  pudieran ser tres meses y que el contagio es un tema geometrico o matematico. En fin respuestas simples que daría tranquilidad a las personas

7.- No se han hecho cuestionamientos respecto a la falta de laboratorios calificados, la falta de tecnología e investigación que existen en el país. O donde estan los cientificos de la UNAM o Politecnico. El conacyt en que se usa el dinero entregado ¿que tipo de investigación desarrolla?

Saludos, Sisy

Saludos, Bárbara

Archivado en: Gobierno y epidemia

Errores del gobierno / Leoncio Acuña

Es verdad que el tema de la influenza se ha politizado (como es el caso de Ebrard al cerrar los restaurantes) y, desde mi punto de vista, el gobierno federal ha actuado rápido en materia de comunicación. Esa es la simple percepción. También es cierto que se encuentra uno con especulaciones de todo tipo.
Me parece sin embargo que es conveniente ver también el punto de vista de los periodistas. Tengo para mí que Jenaro Villamil es uno de lo analistas más documentados porque además está en la “talacha” del diarismo. Desde su punto de vista ha habido graves errores en el manejo de la comunicación del gobierno federal, especialmente del Secretario de Salud y hace algunas preguntas preocupantes sobre la tardanza en decretar la famosa epidemia. Los remito a la siguiente liga y además siempre es conveniente que análisis de este tipo nos saquen de nuestras “certezas”: eso es periodismo, más que las respuestas correctas, las preguntas certeras:

El Articulo se llama:

Influenza, ¿Orwell o Juan Orol?, de Jenaro Villamil.

http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=68351.

PD. El caso extremo fue el de mi gobernador Eduardo Bours, como Sonora está “libre” de contagio, se aventó la puntada de decir que ahí estamos inmunes e inauguró la expogan. El otro tema es que empiezan a circular chistes y hasta corridos. Contra nuestro ingenio popular ninguna pandemia podría aislarnos.

Archivado en: Gobierno y epidemia

octubre 2017
L M X J V S D
« May    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031