Comunicación ante la influenza

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Un blog de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información

Preguntas culturales respondidas por la epidemia

Néstor García Canclini

Texto colocado el 5 de mayo de 2009

Un laboratorio de experimentación social y comunicacional: en esto se ha convertido México en las semanas en que la alarma gripal llevó a cerrar todas las escuelas y universidades, los cines, teatros y restaurantes, nos dejó sin museos ni espectáculos. La abstinencia cultural se extendió a todo del país, pero hai sido más larga donde comenzó, en la Ciudad de México. Sus efectos invitan a debatir algunos supuestos sobre las interacciones urbanas, la relación entre medios y escuela, las oportunidades y defecciones de los organismos públicos, la sociedad y las empresas de comunicación.

1. ¿Ocaso de las salas de cine? Coincidentemente con la expansión de la televisión en los hogares, durante los años sesenta y setenta se interpretó el cierre de salas como el fin de una época. La aparición de videocaseteras y videoclubes a partir de 1985 contribuyó al diagnostico fúnebre sobre las salas y su creciente desaparición parecía confirmarlo, aunque estudios más sutiles consideraban ya otras variables: la inseguridad en las grandes ciudades y una reorganización de los hábitos de consumo. Al irrumpir miles de multicines en el país a partir de 1995, comprobamos que el público regresaba parcialmente a salas más pequeñas y confortables, con mayor calidad de la proyección y del sonido que en la televisión casera. Las cifras de espectadores crecieron, pero el promedio de 160 millones de asistentes a salas que tenemos a partir de 2004 está lejos de los 450 millones que México registraba en 1960. Con la epidemia, el cierre de salas nos obligó a conformarnos con las películas que se podían rentar en los videocentros, comprar en puestos “piratas” y, para una minoría, descargar de la red. Se hizo evidente que en la “salida al cine” –como en el “comer afuera”- hay componentes de sociabilidad, experiencia urbana y gusto por la gran pantalla que aún sostienen su atractivo.

2. ¿La televisión está sustituyendo a la escuela? Innumerables trabajos de investigación contabilizan las horas que los niños y jóvenes pasan ante la televisión y las comparan con las que van a la escuela, encuestan a estudiantes para demostrar que saben más de Madonna, de Beckham o de los participantes en Gran Hermano que de Juárez y Madero o en qué siglos existieron la Revolución Francesa o el Imperio Romano.

El problema no reside tanto en estos resultados, a menudo obtenidos con metodología científica, sino en las conclusiones que se extraen acerca del funcionamiento actual del saber y la cultura: “los niños ya no leen”, “la escuela no puede competir con la televisión, que ha pasado a ser la formadora de las nuevas generaciones”, “la discontinuidad del zapping televisivo y el ritmo vertiginoso de los videoclips disminuye la concentración de los alumnos”.

En estas vacaciones obligadas de la epidemia, casi inmediatas a los 15 días de interrupción habitual de clases en Semana Santa, no sólo se desesperaron los padres porque no podían faltar al trabajo y no querían dejar a sus hijos solos. Al preguntarse qué inventar para sacarlos del aburrimiento que les inflingían cinco o siete horas de televisión diaria, interrumpida en muchos hogares por la consulta de noticias en la computadora, videos en YouTube y chateos, al fin también tediosos, aparecieron como indispensables los paseos, el encuentro físico –no sólo digital- con amigos, tareas compartidas en la casa y el valor de la escuela, de su tiempo productivo y su sociabilidad complementaria.

La epidemia y su reclusión doméstica hicieron pensar que quizá el problema es menos la competencia entre medios y escuela que las dificultades de la escuela como institución (y de un alto porcentaje de maestros y funcionarios) para aprender de los medios y saber usarlos. La educación saltó de la cultura letrada, como la única Cultura, al arribo súbito de computadoras, despreciando durante décadas como amenaza al cine y la televisión. Si se hubieran incorporado a la currícula esos medios, hoy sería más fácil comprender cómo integran los jóvenes lo escrito, lo audiovisual y lo digital.

Entre los planes de emergencia para epidemias (o sismos, o cualquier interrupción escolar) tendría que haber programas para que cada maestro pudiera comunicarse digitalmente con sus 20 o 40 alumnos, explicarles los acontecimientos perturbadores en relación con lo que vienen estudiando en biología, ciencias sociales, historia y globalización, y proponerles tareas de investigación en la red. ¿Cuántos maestros de primaria y secundaria tienen los correos electrónicos de sus estudiantes? Se dirá que la mayoría de los hogares de México carecen de computadora e Internet en sus casas. Quizá esto sea cierto respecto de los alumnos de escuelas públicas, pero no en las privadas. Además, la Encuesta Nacional de Juventud de 2005 muestra que, si bien sólo 32% de los varones y 34, 7% de las mujeres de México, entre 12 y 29 años, poseían computadora, decían manejarla 74%. Los cibercafés, las escuelas y la relación con amigos hacen que el acceso sea menos desigual que el equipamiento tecnológico de los hogares.

¿No podríamos disfrutar una relación fluida entre maestros y estudiantes a través de la red, y no sólo en periodos de emergencia, si existieran más ciberbibliotecas y cibercafés gratuitos en todos los barrios, en todo el país, de manera que –además de la indispensable enseñanza presencial- los maestros tuvieran con sus alumnos vínculos digitales semejantes a los que los alumnos tienen entre ellos? Por supuesto, no vamos a resolver la falta de computadora en la casa, durante una epidemia, amontonando alumnos en ciberbibliotecas; también serían necesarios planes para proveer a cada hogar, con bajos precios, como ya es técnica y económicamente viable, computadoras e Internet como artículos de primera necesidad.

3. ¿Para qué sirven la radio, la televisión e Internet? Fue innegable el valor de estos tres medios para transmitir rápido y masivamente información, enseñar prevenciones y aprender a comportarnos ante una enfermedad que desconocíamos. Internet sirvió para comunicar a quienes no podían verse, o con amigos alarmados de otras ciudades y países. También permitió –al estar menos controlado que la radio y la televisión- que circulara información alternativa, donde se combinan, como siempre, datos valiosos, interpretaciones no convencionales, y delirios conspirativos, ideológicos o esotéricos que niegan la epidemia y atribuyen su impacto a manipulación gubernamental o de empresas y laboratorios.

La monotonía de la información oficial y la oficiosa de los medios, la repentina desaparición de otros temas de la agenda nacional e internacional (el narcotráfico produjo, en las mismas semanas, más muertes que la epidemia) exigen repensar el papel de los medios audiovisuales y electrónicos. También las dificultades para manejar de modo razonado y matizado las nuevas discriminaciones que ocurrieron con los mexicanos en el extranjero y entre mexicanos en México: hay muchas posibilidades de pensar y actuar entre el nacionalismo y la xenofobia. Así como la escuela se quedó paralizada ante la epidemia, los medios exhibieron su escasa imaginación habitual, usos escandalosos del dolor o de emociones que requieren una discreción e inteligencia que, comprobamos, una vez más, “la autorregulación del mercado” no garantiza.

La televisión se volvió más monotemática, (salvo los “canales culturales”, 11, 22 y la televisión universitaria), justo en las semanas en que públicos con hábitos diversos –algunos más letrados, otros más audiovisuales, con distintos gustos melodramáticos o épicos- contaban preferentemente con ella no sólo para informarse sobre el Gran Tema sino porque deseaban una oferta más variada para entretenerse. Encontramos en las pantallas muchas caras que no suelen verse: médicos para responder preguntas y economistas para ir preparándonos sobre el derrumbe del PIB, del turismo y la pérdida de millones de empleos. ¿No podría haber también, como sugirió Raúl Trejo, periodismo de investigación a cargo de antropólogos y sociólogos que han aprendido el lenguaje de los medios y no tienen que improvisar, como muchos periodistas, en los temas de actualidad? ¿O un “noticiero para niños”, según la propuesta de Rossana Reguillo en su blog, que no subestime su inteligencia? ¿O acuerdos con las distribuidoras y exhibidoras de cine para proyectar en la pantalla chica “películas programadas para esta semana en las salas”, con participación de críticos, directores, actores y actrices de primer nivel, seguramente dispuestos a colaborar para que se renueve la programación televisiva?

Nunca fue cierto que los consumidores fueran pasivos o prisioneros de pulsiones irracionales. Menos pertinente es esta visión prejuiciosa cuando los intercambios multidireccionales en red están desplazando los estudios desde el consumo hacia el acceso y multiplicando vías alternativas de comunicación. ¿Cómo seguir aceptando el dúopolio de los medios –dos empresas que actúan en espejo-, donde sólo admiten simulaciones dirigidas de participación, y casi ningún debate de fondo sobre la sociedad en que queremos vivir?

La abstinencia de consumo cultural en lugares públicos está demostrando que los cines aún son deseados por muchos espectadores, que la televisión como sustituto de la escuela es insuficiente y después de unas horas aburre, que Internet amplía el saber y el entretenimiento pero no nos alcanza para la sociabilidad. La cultura a domicilio es un avance histórico, pero seguimos necesitando la ciudad, no sólo como espectáculo para el consumo, como lugar de trabajo y viajes fatigantes; también porque, como decía el poeta Luis García Montero, cada persona encuentra ahí “un paisaje urbanizado de sus sentimientos”.

Profesor-investigador en la UAM Iztapalapa, Néstor García Canclini es coordinador del Consejo Consultivo de la AMEDI.

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Comunicación y televisión en tiempos de influenza

René Ramos Palacios

profesor en la FCPyS de la UNAM

Desde que la TV nace en 1950 se pensó que sus “funciones” serían las de educar, informar y entretener, así,  en ese orden, aunque sin jerarquía o reglas de porcentaje para cada de ellas.

Muy pronto en los 60  y fundamentalmente en los 70  se vio que sería precisamente al revés y ahora si con marcas de jerarquía perfectamente definidas: entretener, informar y educar. Hasta 1985, antes de la modificación de las tv’s públicas en el mundo (fundamentalmente europa), las segunda hipotética función de la tv se mantenía incólume y ocupaba una buena parte de la programación televisiva. Pero justamente a mediados de los 80 (con la incorporación de las compañías privadas en los sistemas de televisión estatales) es cuando se da el banderazo oficial de salida al “ficcionamiento de las noticias” y con ello su incorporación definitiva al entretenimiento. La noticia como el producto mejor acabado del espectáculo.

Y para muestra veamos: cambio en el tono y ritmo de los reporteros al dar la información (hoy son narradores); imágenes fuera de tiempo real (ralentizadas o aceleradas); filtros de color; transiciones con efectos digitalizados; elipsis y estructuras narrativas con vueltas en el tiempo como el flasback o el forward; encuadres que muestran composiciones tan cargadas de contenido capaces de editorializar en una mirada;  angulaciones  con ubicuidad trascendente, es decir, por arriba, o por debajo de lo que nuestros ojos encuentran en el horizonte objetivo al presenciar un hecho y; por supuesto la fragmentación que supone el observar la realidad a través de una lente. Todas estas, marcas de la ficción que hoy consumimos cotidianamente en las piezas informativas de los noticiarios de tv, la cadena de que se trate, nos dan una Información verosímil pero no verdadera.

Si a ello agregamos la falta de claridad en los datos sobre el fenómeno mismo, provocado por las autoridades y sus “voceros”, pues además de no verdadera, resulta también inverosímil.

El resultado es entonces un desastre en la comunicación social.

La política mira por el bien común. Los políticos son los ejecutivos (porque deben ejecutar), las estrategias para lograr ese bien común. ¿Pero qué es lo que hemos vistos en tiempos de emergencia sanitaria?

Temor de las autoridades por dejar al descubierto que no se cuenta con la infraestructura necesaria para realizar pruebas y confirmaciones de ciertos casos; la consecuente dependencia de otros países para tener la certeza de nuestros males; negligencia en la aplicación de recursos para el desarrollo e investigación y más aun en la prevención; retraso y manipulación burocrática para declarar una emergencia; develar la evidencia de que no contamos con medicamentos y centros de salud para atender una epidemia, etc., etc.

Es decir, fallas en el diseño de políticas en salud pública y fallas de los políticos para ejecutar las políticas locales que pudieran enunciarse en las leyes y reglamentos al respecto, así como  aquellas de carácter internacional que dicta la OMS.

Sin políticas, sin políticos y sin administradores públicos en general, la autoridad se  muestra con miedo de fracasar, de ser exhibida y con miedo de no haber tomado decisiones en su momento para esta u otra emergencia que se presente. Con miedo de  dejar clarísimo que en verdad el gobierno le ha hecho brecha a un Estado fallido.  Una autoridad con miedo falsea la realidad, el medio de comunicación la ficciona y  la audiencia simplemente la consume.

Este es el panorama de un proceso de comunicación (social) lastimado y lastimoso, muy alejado de ser in-formativo y que ayude a la prevención.

¿Pero, aquí se acaba el “proceso de comunicación” o habrá retorno (feeback) de parte de quién reconstruye estos mensajes?

Existe retroalimentación en la tv? Si, si la hay pero la audiencia la “reconstruye” incierta, en un marco de desconfianza y descrédito hacia quien la “construye”, es decir la autoridad.

Sin posibilidades de hacer realmente efectiva la retroalimentación en tv, pues para las cadenas el tiempo es oro y no hay espacios para la opinión de las audiencias, la verdadera retroalimentación se da en la calle, el trabajo, reuniones de amigos, familiares y en el ágora moderno, nuestro “nuevo” medio masivo: la gran red.

En la parte más álgida de la emergencia, sin muchas posibilidades de socializar en la calle, el trabajo o en las reuniones, la interacción tuvo lugar en la red: la instantaneidad del Messenger (con o sin webcam), la dinámica de los e-mails (con o sin presentaciones de powerpoint), la explosión de redes virtuales tipo hi-5 (con o sin fotos), facebook (con o sin chistes), la publicación de cientos de blogs (con o sin sustento), etc., ese fue el espacio de la retroalimentación para sendas conferencias de prensa y espacios noticiosos en todos los canales de tv que animó la autoridad sanitaria.

Ahí es donde se da la segunda parte del proceso o donde se da el giro de tuerca para este fenómeno comunicacional. En la red se intercambian opiniones, se hacen referencias específicas a mensajes específicos vistos en tv, comentarios de supuestos especialistas, algunos ciertamente iniciados y hasta allegados al gobierno que “conocen la verdad del suceso”. Pero también se da el intercambio entre iguales, trabajadores, amas de casa, estudiantes, el grueso de la audiencia de tv que halla en la red el espacio propicio para “escuchar y ser escuchado”, “leer y ser leído”.

Es cierto que ahí también se halló el centro de fantaseosas epidemias originadas por malévolas mentes de propietarios de laboratorios químicos, o estrategias electorales animadas por las truculentas mentes de políticos fracasados, ante las cuales la autoridad salió al paso para descalificar por ignorantes a quienes han creído en tales afirmaciones, pero es un hecho que la red se conviertió durante la emergencia y posterior a ella, en el espacio legítimo y democrático en el que hoy se dirimen los fenómenos comunicacionales. Para otros casos, por fortuna, además está la calle, el trabajo las reuniones familiares y de amigos.

La comunicación social desde el gobierno hoy desacredita a la red por no tener su control y porque tampoco sabe usarla en su beneficio y de sus gobernados. La comunicación social política (la que mira por el bien común),  sabe que tiene en ella una verdadera herramienta de retroalimentación que ningún otro medio ha tenido.

La realidad también se fragmenta en la red, también se ficciona, pero al menos existe la posibilidad de una retroalimentación mucho más dinámica y podemos encontrar tantas opiniones de personas, instituciones, organizaciones, asociaciones, empresas,  como links queden a la mano.

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Alucines sobre la influenza

“La red, en situaciones de desastre, ya no es el terreno solidario y de información confiable que dibujó Howard Rheingold en su ya lejano libro Comunidades virtuales“. Eso concluye Antutlio Sánchez, uno de los pioneros latinoamericanos en el análisis social de Internet, en su artículo de este sábado en Milenio.

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Influenza porcina y medios

Gabriel Sosa Plata

Columna radiofónica “Telecom y Medios”

Noticiario “Pulso de la Mañana”, Radio Educación, 1 de mayo 2009

Tiene razón Ernesto Piedras al afirmar que la epidemia de influenza porcina tiene la característica de ser el primero de los fenómenos de salud pública en la era de la llamada sociedad de la información. Por lo mismo, esta emergencia se convertirá en un interesante objeto de estudio que será analizado desde diferentes disciplinas.

En cuanto al comportamiento de los medios, es prematuro tener una evaluación seria. Pero desde ahora y con los riesgos que esto implica, aventuro algunos planteamientos muy generales.

Uno de ellos es que, en general, la radio y la televisión se convirtieron en ecos fieles y acríticos de las fuentes oficiales. La reiteración de las medidas preventivas y de los datos confusos proporcionados particularmente por las autoridades sanitarias del gobierno federal y del gobierno del Distrito Federal, fue la norma. ¿Qué más allá de eso? Muy poco. Salvo algunas excepciones, los medios han reflejado muchas de sus debilidades: ausencia de investigación, editorialización, en ocasiones excesiva, ignorancia y por supuesto desinformación sobre un tema que los tomó, como a muchos, desprevenidos. Los medios han sido funcionales a las políticas de comunicación del gobierno calderonista en esta nueva tragedia nacional.

Un segundo elemento, obvio a simple vista, pero no tanto como se escuchará a continuación, es que la radio y la televisión abiertas han saturado a las audiencias con información sobre la epidemia. Y era lógico que sucediera así por tratarse de un hecho trascendental de salud pública. Muchas personas se sensibilizaron del tema, cumplieron las recomendaciones y no han dejado de informarse. Quizás ello podrá bajar los contagios. Pero mucha gente sigue sin creer lo que se dice en los medios, sobre todo en cuanto a estadísticas de las personas que han muerto o que han sido contagiadas por el virus. Por supuesto, esto no es un problema sólo atribuible a los medios sino también de la desconfianza que se le tiene a su principal fuente: el gobierno.

Ayer, por ejemplo, el periódico Reforma publicó los resultados de una encuesta aplicada en el Distrito Federal. A la pregunta sobre las cifras que han dado a conocer las autoridades sobre el número de personas contagiadas o fallecidas a causa de la influenza porcina, un 57 por ciento opina que se quedan cortas con la realidad.

Por eso es que, en la era de información, los todavía pocos privilegiados que tenemos acceso a Internet en este país recurrimos a esta tecnología, para encontrar más respuestas a nuestras preguntas. Alejandro Romero, publicó ayer en El Universal, un interesante texto sobre el tema. Afirma que cuando uno buscaba influenza en Google el 28 de abril, encontraba 117 millones de páginas y más de 27 mil noticias publicadas. Esta misma búsqueda el día 29 ofrecía ya 281 millones de resultados y más de 100 mil noticias. Cuando alguien buscaba gripe porcina, un término relativamente nuevo surgido a raíz de esta epidemia, el día 28 se encontraban 658 mil páginas y el 29, un millón 820 mil.

Pero esta saturación no necesariamente implica estar mejor informados. En Internet lo mismo hay fuentes confiables como desconfiables, investigaciones serias así como charlatanería. Ayer Felipe León, comentarista de este noticiario, ironizaba sobre las diversas teorías que pululan en correos electrónicos, blogs y sitios en internet sobre el virus y su contagio. Aunque algunas de estas teorías parecen absurdas, hay quienes les atribuyen mayor confiabilidad que la que se le tiene a muchos de nuestros gobernantes.

Un tercer elemento a considerar es que se demuestra una vez más que Internet, pese a lo que hemos dicho, es también un punto fundamental de encuentro de amigos, familiares y colegas para conversar sobre temas como el que nos ocupa y exponer una opinión sin necesidad de la ahora casi prohibitiva comunicación cara a cara. Las llamadas redes sociales como Facebook y Hi5 son herramientas que lo mismo son utilizadas para informarse que para recibir apoyo, consuelo y hasta ayuda psicológica por el miedo y el pánico generados ante la saturación mediática sobre la enfermedad o bien para manifestar su enojo o preocupación sobre las acciones tomadas por el gobierno ante la epidemia. El citado Alejandro Romero explica ayer que, por ejemplo, en Facebook ya hay más de 500 grupos creados en torno a la Influenza y exclusivos sobre gripe porcina.

En términos laborales, también la red ha sido puesta a prueba para el trabajo a distancia en esta etapa de emergencia. Programas como Skype, Twitter y Messenger han tenido un uso intensivo para no dejar de ser, como dicen las empresas, productivos pese a la circunstancia que atraviesa nuestro país.

Hay muchos otros elementos a considerar, pero el tiempo se nos termina. Sólo quiero agregar que la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, que ahora preside el doctor Raúl Trejo Delarbre y de la cual formo parte, ha abierto un blog para discutir el desempeño de los medios de comunicación en estos días difíciles, así como para intercambiar información, inquietudes y experiencias acerca de este tema. El blog se encuentra en la siguiente dirección: https://mediosantelainfluenza.wordpress.com/

Invito a quienes nos escuchan a participar en este blog, añadiendo comentarios a los textos incorporados. Y quienes quieran colocar una nueva entrada, pueden enviar su texto al correo blogamedi@gmail.com. Aprovechemos Internet para analizar un tema que salvo algunas excepciones, como Radio Educación, es prácticamente ignorado en los medios electrónicos.

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La influenza positiva (y negativa) de los medios

G. Georgina Sosa Hernández.

Al comienzo de la expansión de este nuevo virus,  me parece que los medios actuaron con pertinencia: difundieron la información de inmediato y se hicieron eco de las indicaciones de las autoridades, con lo cual hicieron notar la gravedad de esta circunstancia particular. En cuanto a lo primero, difundieron con precisión las medidas preventivas para evitar la propagación del virus; además, hicieron programas con especialistas (médicos, infectólogos) a fin de orientar con mayor claridad de la afectación posible a la que nos enfrentábamos.

No obstante, lo que comenzó siendo un papel apropiado de los medios ante la confusión (o ignorancia) de la población, se ha ido tornando en una estrategia comunicativa de competencia entre medios que, de principio, no es incorrecta. El problema a mi parecer surge cuando los medios pasan de ser coadyuvantes de la situación de emergencia sanitaria, mediante la difusión señalada, a protagonistas utilitarios de la coyuntura; cuando minimizan el seguimiento puntual de los hechos para explotar todos los ángulos dramáticos de la noticia: las historias de los infectados que salvaron la vida, las condiciones paupérrimas en las que viven aquellos cercanos a los criaderos de puercos, el constante uso de la palabra “pandemia” en cada corte noticioso sin explicar sus reales implicaciones para el país (lo que genera crecientes expectativas negativas acerca del futuro de la situación), son -quizás- los más destacados.

Cabe mencionar la utilidad de Internet en estos momentos de aislamiento forzado (especie de “arraigo domiciliario” voluntario), ya que nos ofrece una ventana de información, sí, pero también un espacio de intercambio y socialización seguro, que ha impedido que ese aislamiento físico se transforme en una reclusión insoportable.

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Eficacia mediática

Raúl Trejo Delarbre

Texto publicado en eje central

¿Qué debieron haber hecho los medios de comunicación ante la emergencia sanitaria? Para responder a esta pregunta sin voluntariosas ideologizaciones es preciso recordar que los medios, antes que nada, tendrían que ser instrumentos de servicio público. Son canales de mediación entre el Estado y la sociedad y, desde luego, entre los variados segmentos que conforman a esa sociedad. Son además espacios de información, entretenimiento, a veces de educación, etcétera. Pero todo ello se supedita a esa función primordial de servicio público.

Así que, en aras de tal servicio, ¿qué deberían haber pretendido los medios de comunicación? La respuesta no es difícil. Si nos encontrábamos ante una epidemia de alcances desconocidos e inicialmente delante de un virus que era –y en alguna manera sigue siendo– también impredecible, la prioridad de los medios era comunicar a la población las dimensiones mayúsculas del problema. De la misma manera, tenían que informar –e instruir– acerca de las medidas que la gente debe tomar para prevenir el contagio.

Esos deberes, los medios los han cumplido de manera notablemente organizada. A una semana de que comenzó la emergencia se puede asegurar que los mexicanos nos enteramos con rapidez de la epidemia. En pocos días la cultura de la protección sanitaria, desde luego acicateada por el miedo, ha permitido que nos resguardemos y ya todos conocemos los síntomas que hacen necesario acudir de inmediato a los servicios de salud.

La manera como distintos medios han presentado las informaciones acerca de la epidemia indican estilos, sesgos y enfoques varios. Pero en términos generales, sería mezquino regatearles a la televisión, a la radio y a la prensa, el papel de comunicación que han cumplido con eficacia. Algunos han exagerado más que otros pero, en ese panorama general, las descripciones altisonantes, la tentación del estruendo y las imágenes lastimeras quedaron en segundo plano. Las explicaciones a cargo de médicos especializados en epidemias han acaparado los segmentos dedicados a ese tema. Tanto en noticieros como en espacios habilitados de manera extraordinaria, las televisoras y radiodifusoras han sido puentes entre los expertos y el resto de la sociedad.

La información acerca del desarrollo de la epidemia ha resultado, esa sí, errática y confusa. Las contradicciones en los datos que comenzó a ofrecer hace varios días el secretario de Salud, así como los vacíos que se mantienen en algunos temas relacionados con los efectos del virus porcino, han desconcertado a no pocos ciudadanos. Los medios, al repetir esa información y sobre todo al prescindir del escaso contexto que le daban las autoridades, contribuyeron a esa confusión.

Pero esos tropiezos han sido parte de un aprendizaje colectivo. El secretario José Ángel Córdova ofrecía algunos días datos de enfermos y defunciones fehacientemente causados por el virus y, en otras ocasiones, se refería a casos aún no comprobados. Por lo demás, ese funcionario ha exhibido una paciencia extraordinaria, requerido día y noche no sólo por los medios sino por otras obligaciones.

El gobierno ha difundido la información a su alcance, desde que la tarde del jueves 23 entendió la gravedad de la epidemia. Puede discutirse si ese reconocimiento lo hizo a tiempo, o no. Pero en cuanto así fue, aunque tuviera que suceder casi a media noche, se anunció la suspensión de clases en la ciudad de México.

Los medios han permitido entender –hasta donde es científicamente posible– la situación de la epidemia y en ellos los ciudadanos han aprendido cómo cuidarse. Ese diagnóstico no les gustará a quienes consideran que el análisis crítico de los medios debe estancarse en la denostación permanente. Tampoco les agradará a quienes creen por principio que este gobierno es incapaz de cumplir con sus obligaciones.

Los medios de comunicación, siempre en una apreciación general, han eludido también la seducción del rumor y la especulación. En los días recientes han circulado por Internet versiones disparatadas, que nunca faltan pero que ante la emergencia epidemiológica resultan más irresponsables que de costumbre. Si alguien quiere creer que el virus H1N1 fue propagado intencionalmente para que dejáramos de prestar atención a la aprobación de algunas leyes en el Congreso (¡como si a la sociedad le interesara tanto lo que hacen los legisladores!), o para que hagan negocio las empresas farmacéuticas, o como resultado de una aviesa conspiración de Obama, Sarkozy y Calderón para atajar la crisis de la economía mundial (¡como si a Wall Street le sirviera de algo el cierre de restaurantes, el quebranto del turismo y el miedo en la ciudad de México!)  ese es asunto de cada quien. Pero si a causa de esas versiones inverosímiles hay quienes consideran que las medidas de prevención son innecesarias, entonces los rumores habrían tenido un efecto potencialmente criminal. Los medios de comunicación no han contemporizado con esa desinformación.

Eso no significa que todo lo hayan hecho bien. Les ha faltado iniciativa, sobre todo para hacer periodismo de investigación aunque ese es un problema permanente de los medios en México. Los conductores han tenido que improvisarse, no siempre exitosamente, como conocedores aunque sea superficiales de epidemias y providencias sanitarias.

La interlocución que entablan con sus audiencias es solamente excepcional y transcurrida la emergencia, la mayor parte de los medios volverá a la unilateralidad de siempre. En esta experiencia todos los medios, pero especialmente los de índole no comercial, podrían encontrar un rumbo que hasta ahora ha sido infrecuente. Los espacios radiofónicos del IMER, los programas especiales de Canal 11, las mesas redondas de TV y Radio UNAM, han sido oportunidades para hacer una comunicación de servicio público.

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El virus por otros medios: Cuando la información oficial no es suficiente

María Elena Meneses

Para algunos internautas empedernidos la red social Facebook se ha convertido en un espacio catártico virtual y un extraordinario laboratorio para indagar sobre las conducta humana ante situaciones tan inusuales como las que estamos viviendo. También, en un espacio en el que la desconfianza, ante la versión oficial de los medios mexicanos ha estado presente.

Tengo poco más de 100 contactos, la mayoría ex alumnos de profesional y alguno que otro colega profesor o periodista. Nunca había estado tan concurrida como en estos días de encierro.

Estos han sido los rasgos preeminentes en mi red:

Día 25 La sorpresa y la desconfianza

Una vez que las autoridades anunciaron la prolongación de la suspensión de clases, la tónica de las entradas fue sorpresa e incredulidad ante las  versiones oficiales y la información diseminada por los medios que se ajustaron a las conferencias de prensa. ¿Será para tanto?; ¿Será que nos esconden algo?; ¿ Nos estarán diciendo la verdad?; ¿ me vacuno o no me vacuno?.

Día 26 La desconfianza y los medios extranjeros

Los internautas comenzaron a postear ligas de medios del extranjero. Ninguna a algún diario mexicano, lo cual es un síntoma de desconfianza para con nuestros medios, sin duda. Google maps, NYT, LAT, El País, entre los más citados.

Día 27 La exigencia

La tónica del día en Facebook fue la exigencia  a las autoridades y a los  medios mexicanos de indagar:

a) Si se cura ¿porqué en México se muere la gente?

b) ¿Los tapabocas sirven o sólo es una estrategia del gobierno para que pensemos que están haciendo algo?

Las ligas a medios extranjeros se incrementaron convirtiéndose éstos en fuente creíble.

Los internautas  ofrecieron las ligas las ligas a los comunicados de la OMS, así como a videos en los que Margaret Chan informaba de la gravedad del asunto. No había necesidad de acudir a los filtros de los medios de comunicación tradicionales.

La solidaridad propia de las redes comenzó a hacerse presente con comentarios como: Mi hermano es infectólogo y dice que…; en la farmacia tal puedes encontrar un botecito de Tamiflu, etc.

También el humor negro comenzó a aparecer en la red, con chistes, videos y bromas relacionadas con el temblor de  5.7 grados Richter en el centro del país.

Día 28 La catarsis: Cuando los medios tradicionales fueron insuficientes

La tónica del día en Facebook se caracterizó por los cuestionamientos a la autoridad.

¿Se mueren los mexicanos porque no llegaron a tiempo?, ¿porque no los atendieron?, ¿porque no hay medicina ?.

La información oficial no resultó suficiente para los internautas. Esta parecía ser la única que los medios tradicionales mexicanos daban a conocer.

Comienza a circular la estupenda crónica de Marcela Turati en proceso.com. Las expresiones: Ya era hora de algo así, los medios sólo dan cifras oficiales.

Algún reconocimiento a Reforma, el 22 de abril alertó sobre la epidemia en primera plana.

Día 29 La crónica que llegó de España

Apareció el reporte periodístico que muchos internautas desearon leer o escuchar en medios mexicanos. “El calvario de Oscarito” en El País o bien, “Lo que  México no  responde” de la BBC, referente a la causa de las muertes por una enfermedad curable.

Los internautas comenzaron a expresar que en México la gente se muere por una deficiente atención.

Algunas referencias a la crónica de Manuel Camacho Solís en la que narró a El Universal cómo la libró en el hospital inglés.

Alguien pregunta: ¿En los privados no se mueren o sí?; ¿ porqué no le preguntan los periodistas eso a Córdova?.  Alguien dice: Sí, se la hizo un periodista gringo (el corresponsal de la AP), pero no le contestó.

Se acumulan las preguntas:

¿Dónde están los reportajes de investigación?

¿Porqué los medios sólo pasan los datos oficiales?

Las burlas y bromas contra el secretario de salud, José Angel Córdova confundido por las cifras se hizo presente. Al secretario no le salen las cuentas; por eso estudió medicina; qué gráficas tan horribles presentó en la tele, etc.

Lo suyo le tocó a la reportera de Televisa, Marissa Rivera que acabó de enredar al secretario con el conteo de las personas fallecidas.

Jueves 30 Resignación y la teoría  del complot

Las ligas a datos y fuentes extranjeras es continua.

Comienzan a diseminarse teorías del complot. Fueron las farmacéuticas. Nadie se la cree, es parte del entretenimiento en red.

Se comenta  la nota del NYT que da cuenta de que  una persona de la comitiva de Obama se contagió del virus. Las bromas sobre el particular se hacen presentes.

Circula el reportaje de AFP sobre Edgar, el niño cero que se curó en Perote. Un día antes lo ví en Televisa con Carla Iberia Sánchez, pero ninguno lo comentó.

Nuevamente ligas a El País : “ Nadie lleva tapabocas en la secretaría mexicana de salud”….porque no sirven de nada, responde al diario español  Miguel Lezana, encargado de vigilancia epidemiológica.

Alguien comenta el reporte de El Universal: “La OMS pidió a México instalar laboratorios para desarrollar vacunas”.

Nuevamente los internautas expresan su indignación.

Paulatinamente, la red recupera su espíritu: Diversión y chacoteo

Luego de mi ligera observación virtual provocado por el encierro concluyo: Desconfianza por la autoridad y los medios mexicanos, es lo que ha prevalecido en mi red. Los  internautas han informado de datos, fuentes y versiones  que no  encontraron en los medios tradicionales. También, se han hecho preguntas que nuestros medios de cada día, no se han hecho a sí mismos o en el mejor de los casos, se han hecho a cuentagotas. También se han hecho preguntas que la autoridad no ha respondido con prontitud y claridad.

Cada red, se comportará distinto, asumo, aunque habrá constantes que algún investigador habrá de  hallar en un estudio de largo alcance.

María Elena Meneses

marmenes@gmail.com

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Google y la influenza

Google ha diseñado un modelo para comparar las búsquedas mexicanas acerca de la influenza. Creado a semejanza de un esquema que ya existía acerca de las búsquedas sobre ese tema en Estados Unidos, el Flu Trends para México, que se advierte es experimental, muestra cómo se desarrollaron las preocupaciones de los usuarios mexicanos de la Red acerca de la influenza. Las búsquedas más numerosas suelen ser a comienzos del año pero este año fueron menores a los anteriores.

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Portal de la comunicación

Nuestros colegas del Portal de la Comunicación del Instituto de la Comunicación de Barcelona han abierto un espacio monográfico en donde remiten a este blog. Muchas gracias.

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junio 2017
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